Golpe de Estado, ciencia de príncipes

Golpe de Estado, ciencia de príncipes

El golpe de Tejero funcionó con plena eficacia preventiva de males mayores. La ciencia de los golpes de estado no es una ciencia contra los príncipes, sino una ciencia de príncipes

Coronas de flores en el funeral de Antonio Tejero / Ana Escobar

Quienes hayan leído la obra de Gabriel Naudé, mirarán con sereno escepticismo la operación de revelar, a bombo y platillo, los llamados secretos del golpe de estado de Tejero de 1981. Mi vieja afición a Naudé me lo ha recordado. Fue el primer europeo que escribió un tratado sobre biblioteconomía, pues trabajó de asesor bibliográfico del cardenal Mazarino. Esa actividad le permitió atesorar miles de volúmenes y manuscritos, el fondo originario de la biblioteca que lleva el nombre del sucesor de Richelieu. Por su cercanía a estos señores, Naudé escribió un tratado con el subtítulo de Consideraciones sobre los golpes de Estado. El título real era Ciencia de príncipes.

En este libro, más bien maquiaveliano, Naudet expone los más célebres golpes de Estado, echando mano de la fecunda tradición de los reyes hispanos desde Fernando el Católico. Ahora no me interesa ese relato, sino la caracterización de los golpes de estado. En realidad, Naudé considera que estos golpes son necesarios a las monarquías. Su argumento es sencillo. El rey no puede hacerlo todo por sí mismo. Necesita delegar tareas y funciones. Pero estas delegaciones son peligrosas porque implican transferencias de poder a otros, que pueden convertirse en amenazas para el Estado. Este, de vez en cuando, debe destruir a sus propias creaturas, recuperando así la plenitud del poder regio. Una vez reintegrada la totalidad del poder estatal a las manos regias,........

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