Las izquierdas y el carajo |
Las izquierdas y el carajo
El problema del progresismo igual no es solo de ingeniería política (listas únicas, grupos coordinados), sino de relato y de proyecto creíble para una sociedad en la que el colectivo de izquierdas sufre una hemorragia
¿Qué aclaró y qué dudas dejó Rufián sobre su llamada a la unidad de la izquierda?
Supongo que en algún cenáculo de Madrid con línea editorial a la derecha o más allá estarán ya preparando el nombramiento de Gabriel Rufián como español del año, al estilo de la celebérrima portada del diario ‘ABC’ dedicada a Jordi Pujol, que consagró al ‘president’ como un dirigente moderado, garante de la estabilidad y un tipo de fiar dentro del orden constitucional. ¿Qué mejor forma de definir así a Rufián, que ha pasado de las 155 monedas de plata a proponer un frente común de izquierdas en nombre del obrero de Vallecas? Poca broma: un reconocimiento de este tipo sería la mejor forma de desactivar el frente común de izquierdas en Catalunya antes de que nazca. Mano (derecha) de santo.
Según lo explica Rufián, el asunto es una pura necesidad de autodefensa: «O nos ponemos de acuerdo o nos vamos al carajo», y en ese «nosotros» se incluyen los soberanistas y la izquierda a la izquierda del PSOE. Al carajo, según lo ve Rufián, se va girando a la derecha con Feijóo del brazo de Isabel Díaz Ayuso y, después, torciendo aún más a la derecha con Santiago Abascal. Y, de ahí, al infinito y más allá del imaginario ultra: españolización de las escuelas, recentralización del Estado, demolición de........