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Atravesar el día

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30.05.2025

Opinión | VERDIALES

Inés Martín Rodrigo

Periodista y escritora

Periodista y escritora

Inés Martín Rodrigo (Madrid, 1983) es escritora y periodista. Su novela 'Las formas del querer' fue galardonada con el Premio Nadal 2022 y con el Premio de la Crítica de Madrid de ese mismo año. En la actualidad, forma parte del equipo del suplemento literario 'Abril' y escribe artículos de opinión para los periódicos del Grupo Prensa Ibérica. Es autora de la novela 'Azules son las horas' (2016), la antología de entrevistas a escritoras 'Una habitación compartida' (2020), el cuento infantil 'Giselle' (2020) y el ensayo 'Una homosexualidad propia' (2023), y ha participado en las antologías de relatos 'El cuaderno caníbal' (2018) y 'Una Navidad así' (2024). En 2019 fue seleccionada por la AECID en el programa '10 de 30', que reconoce a los mejores escritores españoles menores de 40 años.

Una niña se asoma en una tienda de campaña improvisada en el puerto de la ciudad de Gaza. / Ahamad Awad

Me gusta acudir al origen de las palabras, la “razón de su existencia, de su significación y de su forma”, según la definición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE). Lo hago con frecuencia, lo mismo que busco sinónimos para no repetir términos o evitar el uso de los que me resultan antipáticos o malsonantes, pues el lenguaje contiene toda la belleza y todo el terror en los que se resume la vida, como dicen los versos de Mary Oliver.

Una de las últimas, de las más recientes, cuya procedencia he rastreado ha sido día. Es una voz que proviene del latín dies, que deriva a su vez de la raíz indoeuropea dyeu-, que se refiere a “la luz del cielo” o “el sol”, y también a “dios”. De ahí al “período de 24 horas, que corresponde aproximadamente al tiempo en que la Tierra da una vuelta completa sobre su eje”, su primera acepción en el Diccionario.

Mi curiosidad por la procedencia de esta palabra surge de la relectura que, de un mes acá aproximadamente, vengo haciendo de la obra de Carmen Martín Gaite. Al que fuera su marido, Rafael Sánchez Ferlosio, padre de Marta, la hija que ambos perdieron, a la que lloraron sin consuelo posible, ni siquiera en la escritura, no le gustaban los aniversarios, ni los culturales ni ninguno. Pero este año, 2025, la autora de Retahílas hubiera llegado al siglo, y merece ser celebrada, reivindicada, lo mismo que su coetánea, Ana María Matute.

Con ese propósito, Siruela, última casa editora de Martín Gaite, ha querido dar forma a un libro colectivo en el que diferentes perfiles de creadoras, escritoras, dramaturgas, fotógrafas, periodistas, hagan constar la huella que dejó en ellas como lectoras, hasta moldear, sin condicionarla, como añorada interlocutora, la voz propia de todas ellas. En esas páginas estoy, me encuentro, escribiéndolas tras haber repasado, con propósito iluminador, la narrativa de Martín Gaite, Carmiña para los muchos amigos que tuvo, los sigue teniendo.

Así he descubierto que dia, sin tilde, no es una errata sino la funcionalidad de esas tres letras como prefijo creador de vocablos, viene del griego antiguo (δια-) y significa “a través de”. Lo cuenta ella cuando asegura que el logos “es el único instrumento con que podemos contar: no tenemos otro bisturí -ni lo hay- capaz de penetrar, separar y atravesar el bosque enmarañado de realidades por el que andamos desorientados, indagando, olfateando, tratando de avanzar y que se nos ofrece en miles de sugerencias como perenne objeto de diálogo”.

Y se me ocurrió, trasteando con las palabras, ese “juguete que siempre gusta y nunca se estropea”, en definición de Carmiña, que es bonito que el principal propósito de mi vida sea ahora atravesar el día, que esas 24 horas que la Tierra tarda en dar una vuelta completa sobre su eje transcurran sin atormentarme, siendo capaz incluso de disfrutar del tiempo perdido, “lo más hermoso en la vida”, a buen juicio de Pepe Mujica, compartiéndolas con personas que acercan la belleza y alejan el terror, con la conciencia tranquila, pero también despierta, sabiendo y denunciando que a 3.500 kilómetros de donde vivo se está cometiendo un genocidio y el mundo, sus llamados líderes, lo ignora, aparta la vista, elige mirar hacia otro lado.

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