Esa emoción compleja
Opinión | El lápiz de la luna
Elizabeth López Caballero
Mujer se asoma a la ventana de la casa de la que fue desahuciada en Tenerife. / Andrés Cruz
Siempre me ha llamado muchísimo la atención esa emoción compleja que acaba convertida en sentimiento, «la envidia», y siempre he preferido mirarla de lejos, aunque también por el rabillo del ojo. Porque la envidia suele venir por detrás, a traición, cuando menos te lo esperas. Pero esta forma de sentir, o de estar en el mundo -porque hay gente que solo sabe estar en el mundo de esta manera-, me genera cierto rechazo. Sin embargo, la envidia puede gestionarse de dos formas: utilizándola de motor que te impulse a superarte a ti mismo o de excusa que te impulse a buscar mil y una maneras hasta conseguir que el otro pierda lo envidiado. Mi abuela solía decir «El envidioso no siempre quiere lo que tú tienes, quiere que tú no lo tengas». Con esto no quiero decir que yo nunca haya coqueteado con ese sentimiento. Probablemente sí. Soy humana. Quizá he visto algo en alguien y he pensado «Me encantaría tenerlo», la diferencia es la pregunta que me hago después. Siempre tenemos alternativas y no es lo mismo pensar «Me encantaría........
