Más que otras elecciones
Más que otras elecciones
Andalucía, unos comicios clave
La próxima cita electoral en España está señalada para el 17 de mayo en Andalucía. Será la cuarta meta parcial en un itinerario trazado por el PP para demostrar que tiene un respaldo mayoritario y que se le adjudique la condición de partido perdedor al PSOE. Aunque sean autonómicas, no serán unas elecciones más. El censo electoral de Andalucía es el mayor de todas las Autonomías. Uno de cada cinco electores españoles es andaluz. En Andalucía acudirá a las urnas un número de votantes superior a la suma de los que lo hicieron en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Dadas las dimensiones de la comunidad autónoma, e incluso por su significación cultural y simbólica, el gobierno de Andalucía figura entre los objetivos preferentes de los dos grandes partidos. Pero, además, el voto de los andaluces pesa en proporción a su elevado número en el resultado de unas elecciones generales y, por tanto, en la posterior formación del gobierno central.
En las tres convocatorias anteriores el PP aspiraba a distanciarse del PSOE y obtener amplias mayorías que le permitieran gobernar en solitario sin necesidad de negociar políticas y puestos. Consiguió holgadas victorias, que fueron insuficientes para su propósito. Meses después de celebradas las elecciones no ha sido capaz de formar ningún gobierno. Los partidos piden el voto, lo recogen y luego administran el apoyo electoral recibido y los tiempos a su conveniencia, mientras los ciudadanos se arman de paciencia. En Andalucía, el PP ya gobierna con mayoría absoluta y lo que se propone es mantenerla para seguir gobernando en solitario y, de paso, hacer una exhibición de su fuerza ante las próximas elecciones generales. Las encuestas le auguran la victoria, pero no permiten dar por segura la mayoría absoluta que persigue. Si no la alcanza, el hecho sería interpretado como un retroceso, por leve que fuera, y afectaría a los pronósticos electorales sobre el partido y políticos, en concreto, en relación con el liderazgo de Feijóo.
Las encuestas preelectorales dibujan un panorama definido a grandes rasgos, pero en realidad son unas elecciones llenas de incógnitas. La primera surge con la participación, que sigue una trayectoria declinante, en paralelo al declive del PSOE, y podría estancarse ligeramente por encima de la mitad de los electores. De momento, no se aprecia una movilización intensa tendente a reducir la abstención. Además, en los últimos años, en Andalucía se observa una movilidad electoral alta y un comportamiento electoral diferente en las generales respecto a las autonómicas. La enorme brecha abierta por el PP en las autonómicas de 2022 se redujo a una pequeña ventaja sobre el PSOE en las generales del año siguiente. La variación en los resultados ha obedecido, sobremanera, a las bruscas oscilaciones del voto al PP, que han tenido un efecto aumentado por la cuantiosa pérdida del PSOE en las autonómicas precedentes.
A la combinación de baja participación y creciente movilidad electoral hay que añadir la incertidumbre que se deriva de la situación específica de cada partido o coalición que presenta candidatura. En estas elecciones se someten a examen la solidez del apoyo electoral al PP y el sentido de la orientación de los votantes socialistas. Pero para Vox y la izquierda más izquierdista serán una prueba de fuego. El partido de Abascal, que superó el 20% en las generales de noviembre de 2019, parece acusar la escasa disponibilidad para facilitar la formación de gobiernos, las incidencias disciplinarias habidas en su interior y la penumbra que rodea su estructura organizativa y sus actuaciones. La izquierda ha alcanzado un acuerdo de última hora, forzado por las circunstancias, que no resuelve los problemas de ubicación política y liderazgo que viene arrastrando, y está por ver la respuesta de su electorado.
Las andaluzas no son unas elecciones más, aparte lo ya dicho, porque desde las celebradas en diciembre en Extremadura han ocurrido muchas cosas que pueden tener un impacto electoral relevante. Es obligado citar al menos tres. Una, el alargamiento injustificado de la legislatura, entre el hastío y la fatiga, con grave daño a las instituciones. Otra, la guerra, utilizada como arma en la política doméstica, que deja serias secuelas en nuestra política exterior. Y las dificultades del PP para formar gobiernos, sus relaciones conflictivas con Vox y el estancamiento político como consecuencia de todo ello. Pedro Sánchez prodiga guiños a izquierda y derecha, confiado en recuperar a los votantes socialistas perdidos y alguno más, y también en que la larga espera de las elecciones acabe por desestabilizar al PP y remueva el voto de muchos electores. El PP, resignado, no puede aislarse de la coyuntura actual, cada vez más complicada. Las elecciones andaluzas serán las últimas de una serie concebida para decantar políticamente a la sociedad española a favor de un cambio de gobierno y provocar un adelanto electoral. Pero el resultado del 17 de mayo tendrá múltiples lecturas y es improbable que vaya a conmover a Pedro Sánchez .
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