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Hay que acabar con la hipocresía de llamarlas “balas perdidas”, son balas asesinas

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25.09.2019

Me he propuesto no volver a escribir en mis columnas “balas perdidas" porque son solo balas asesinas que acaban con vidas como la de la inocente Ágatha Vitória Félix, de 8 años, en Brasil y, sobre todo, en las favelas de Río de Janeiro. Los testigos y vecinos del Complexo do Alemão, donde vivía la niña con su familia, aseguran que no había un tiroteo entre policías y narcotraficantes. En realidad, afirman que el agente le disparó a la niña, que estaba al lado de su madre dentro de una furgoneta, cuando intentaba golpear a un motociclista.

Es una muerte que ha despertado de un modo especial la conciencia y hasta el lenguaje de los excluidos de aquellos barrios dejados a su suerte. Una vez más aquellas personas anónimas que asistieron al entierro de la pequeña Ágatha gritaron diciendo: “No fue una bala perdida. Fue una bala encontrada”. En verdad fue una bala asesina como todas las que cortan vidas inocentes.

De los cinco niños que en este año murieron en Río, víctimas de esa violencia que parece no tener fin, el caso de la niña Ágatha ha tenido una repercusión especial: impulsó la indignación no solo de quienes viven en las favelas y están cansadas de tanta muerte inútil, sino de toda la opinión pública. Y ha obligado a las autoridades a no contentarse con los rituales hipócritas y manidos de “lo lamentamos” y “vamos a abrir una investigación”. Esta vez los huérfanos de Ágatha, que somos todos nosotros, han enfrentado al poder, que ha reaccionado duro y sorprendido.

El gobernador........

© El Pais