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Frente de guerra del general Mora

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04.08.2026

Hace más de un año y medio escribí una columna titulada ‘Si cae Cali, cae Colombia’. No era retórica, sino la conclusión de un análisis metódico de la evolución del crimen organizado, el terrorismo y la instrumentalización de movimientos sociales por actores foráneos que operan en el suroccidente colombiano. Antes de publicarla, compartí una conclusión con el general Jorge Eduardo Mora López: si caía Cali, caería el suroccidente; y si caía el suroccidente, caería Colombia. Cuando el general Mora asuma el Ministerio de Defensa, esa advertencia se convertirá en un desafío de Estado.

La doctrina militar colombiana conserva una idea central del estratega Clausewitz: todo adversario depende de un centro de gravedad que sostiene su poder. Ese centro no se neutraliza atacando objetivos aislados, sino desarticulando las capacidades y los recursos que mantienen el conflicto. Durante décadas, Colombia persiguió capos, erradicó cultivos y destruyó laboratorios, pero nunca desmontó del todo el sistema criminal. Sus estructuras fueron ocupadas por redes terroristas a medida que éstas perdían su motivación ideológica, un proceso que se aceleró tras el Acuerdo de Paz de 2016 y, en particular, durante la Paz Total.

Ese ecosistema criminal tomó el control sin precedentes de Buenaventura, Cali, el norte del Cauca, el cañón del Micay y Tumaco, de los corredores del Pacífico hacia Ecuador y de las redes de tráfico hacia y desde México y Brasil. Las nuevas organizaciones criminales entendieron antes que el Estado que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el lavado de activos, la extorsión y el tráfico de armas forman una sola economía. Integradas, compran rutas, tecnología, inteligencia y funcionarios, y con ellas ejercen control territorial. Así, el suroccidente se volvió el principal centro de gravedad del crimen organizado transnacional.

Las cifras muestran la dimensión del desafío. De las 261.386 hectáreas de cultivos de coca registradas en 2024 —2614 kilómetros cuadrados—, el 53 % se concentra en zonas de manejo especial, donde la ausencia del Estado y la intermitencia de las campañas militares abrieron paso al dominio criminal. A esa........

© El País