El país que todavía andamos buscando
Bolivia vivió grandes momentos políticos acompañados por narrativas “épicas” que dieron sentido a cada etapa histórica. La Guerra Federal, la Revolución del 52 y el Proceso de Cambio marcaron ciclos donde una idea de país logró imponerse emocionalmente.
El masismo de Evo Morales construyó esa fuerza alrededor de cuatro ejes: inclusión indígena, defensa de los recursos naturales, redistribución de la tierra y resistencia frente al poder extranjero, conectando con sectores históricamente excluidos del viejo Estado republicano.
Pero reconocer esa potencia simbólica no implica desconocer el enorme daño institucional que dejó ese periodo. La concentración de poder, la persecución política, el abuso de la justicia y la confrontación permanente fracturaron la convivencia democrática del país. Evo Morales convirtió muchas veces al Estado en un mecanismo de presión contra quienes pensaban distinto, castigando política y económicamente a Santa Cruz, Tarija y otras regiones por defender autonomía y otra visión de país.
Sin embargo, durante mucho tiempo Bolivia creyó que bastaba con denunciar los abusos del masismo para derrotar su proyecto político. Y ahí estuvo una de las grandes incomprensiones de nuestra historia reciente. Las narrativas sobreviven mientras sigan interpretando emociones e identidades........
