El café de los gatos |
La bolsa rodaba por una calle de Barranquilla. No era que volara arrastrada por el viento, sino que tenía peso. Se arrastraba dando tumbos. Mayra Pájaro salió de la veterinaria y la agarró. Con cuidado le quitó el nudo. Vio primero unas orejas negras, un hocico blanco, unas patas diminutas.
Alguien había introducido a la gata recién nacida en la bolsa, la amarró y la dejó junto a un poste donde dejaban basura. ¿Alguien? ¿Se le podría llamar “humano” a quien hace algo así?
Mayra corrió a la veterinaria con la bolsa abrazada a su pecho. Allí bañaron a la gata, la desparasitaron, le tomaron exámenes. Mayra la llamó Galleta.
Seis meses después le hizo la operación para esterilizarla y se le bajaron las defensas. Entonces apareció el virus: leucemia. Mayra y Galleta lucharon. A veces se ponía tan mal que en la veterinaria decían: “De hoy no pasa”. Pero Galleta se recuperaba. Así durante tres años.
Cuando falleció, Mayra se prometió crear un lugar con el que pudiera ayudar a los gatos abandonados. Se llama........