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Calle Pasteur: de Buenos Aires a Teherán, historia de una ironía geopolítica

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12.03.2026

Las ciudades guardan memorias invisibles en sus calles. A veces esas coincidencias adquieren una dimensión histórica que parece salida de una novela política. Tal es el caso de la calle Pasteur, cuyo nombre conecta dos episodios separados por más de tres décadas y miles de kilómetros: el atentado contra la AMIA en Buenos Aires en 1994 y los ataques recientes contra el núcleo del poder iraní en la calle Pasteur de Teherán. La coincidencia es tan llamativa que invita a reflexionar sobre la larga sombra del conflicto entre Irán e Israel y su inesperada geografía.El 18 de julio de 1994, un coche bomba destruyó el edificio de la AMIA, ubicado en la calle Pasteur 633 del barrio de Once, en Buenos Aires, a pocas cuadras de la calle San Luis, donde vivía la “Bobe” Sofía, hermana de mi abuelo.

El atentado dejó 85 muertos y más de 300 heridos, convirtiéndose en el ataque terrorista más grave de la historia argentina. La investigación judicial argentina, que se prolongó durante décadas, concluyó que el atentado fue planificado por altos funcionarios de la República Islámica de Irán y ejecutado por el movimiento libanés Hizbollah.

Entre los nombres señalados por la justicia figuraban algunos de los hombres más influyentes del aparato político-militar iraní. La acusación incluyó al entonces comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohsen Rezai; al ministro de Relaciones Exteriores Ali Akbar Velayati; al agregado cultural en Buenos Aires Mohsen Rabbani; y al comandante de la Fuerza Quds Ahmad Vahidi. Según la hipótesis judicial argentina, la decisión de atacar se habría tomado en una reunión del liderazgo iraní a comienzos de los años noventa, posiblemente en esa misma calle de Teherán.

La historia no terminó allí. Con el paso de los años, varios de los acusados no solo permanecieron dentro del sistema político iraní, sino que consolidaron posiciones de poder. Entre ellos destaca Ahmad Vahidi, conocido en Bolivia, quien fue ministro de Defensa de Irán entre 2009 y 2013 y posteriormente ministro del Interior. Vahidi es hoy el nuevo Comandante en Jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el poderoso cuerpo militar que constituye uno de los pilares del régimen iraní. Este hombre, señalado por la justicia argentina como partícipe de la planificación del atentado en Buenos Aires, continuó ascendiendo en la jerarquía del poder iraní.Tres décadas después del atentado, otra calle Pasteur volvió a aparecer en el centro de la escena geopolítica mundial. En Teherán, la calle Pasteur al 563, irónicamente, alberga hoy el corazón institucional del régimen iraní: oficinas presidenciales, organismos de seguridad nacional y centros de decisión estratégica del Estado.

A pesar de la seguridad extrema del área, las agencias iraníes no pudieron evitar que el hackeo de las cámaras del tráfico y otras fuentes de información táctica, delataran la presencia en el lugar de los más altos funcionarios del Estado. El Sábado 28 de febrero de 2026, luego del ataque coordinado de EEUU e Israel, se encontraron entre los escombros los restos del líder supremo iraní, el Ayatollah Ali Khamenei y de decenas de altos funcionarios.

La coincidencia es inevitable: el atentado que golpeó a la comunidad judía argentina, instruido por Khamenei, ocurrió en una calle llamada Pasteur en Buenos Aires; décadas después, el inicio del desmantelamiento del criminal y terrorista poder islámico iraní se produce en otra calle Pasteur, esta vez en el centro del aparato estatal de Teherán.

La historia no suele obedecer a simetrías perfectas. Sin embargo, en este caso la geografía introduce una ironía difícil de ignorar. El atentado de 1994 fue interpretado por muchos analistas como una extensión global del conflicto entre Irán e Israel, una guerra indirecta que durante décadas se expresó a través de atentados, operaciones encubiertas y acciones de organizaciones terroristas aliadas. Los hechos recientes, en cambio, reflejan una fase distinta de ese mismo conflicto: el paso de la guerra en la sombra a ataques directos contra estructuras estatales.En esa transición también se observa la persistencia de los mismos actores. Figuras como Ahmad Vahidi representan la continuidad institucional de una generación política y militar que ha dominado el aparato de seguridad iraní durante décadas. Mientras tanto, el atentado contra la AMIA permanece sin condenas efectivas, convertido en uno de los casos más emblemáticos de terrorismo internacional no resuelto.

La coincidencia de las dos calles Pasteur no cambia el curso de la historia, pero funciona como un símbolo inesperado de su continuidad. Una misma palabra en el mapa conecta dos escenarios distantes de un mismo conflicto que se ha extendido durante más de treinta años.A veces la historia parece avanzar en círculos invisibles. Y en ocasiones, esos círculos se trazan sobre el nombre de una calle.


© El País