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Racismo de Estado

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01.07.2026

¿Qué sucede cuando un gobierno pierde su capacidad de mediación y enfrenta una crisis de legitimidad, tal como la que se vivió durante los cincuenta días de conflictos sociales en Bolivia entre mayo y junio de este año? – El gobierno boliviano ha optado por articular, desde el inicio de los conflictos, una comunicación política basada en la polarización afectiva. Esta lógica no busca convencer con argumentos, sino generar un rechazo visceral hacia el "otro".

"No voy a dialogar con vándalos", afirmó el presidente Rodrigo Paz Pereira en el momento más complejo del conflicto, conduciendo no sólo a la criminalización, sino a la deslegitimación categórica de las protestas. La palabra "vándalo", asociada a la destrucción irracional y la barbarie, borra cualquier dimensión política de la movilización. Los manifestantes ya no son ciudadanos con demandas legítimas, se les niega su condición de interlocutores válidos. La única vía que queda es la fuerza. Para el gobierno de Paz Pereira, declarar un estado de sitio por  "conmoción interna" significó declarar que las reglas normales de la democracia basada en garantías fundamentales deben suspenderse

Su comunicación no es espontánea ni neutral: prepara la represión focalizada, que recae sobre los mismos cuerpos y los mismos territorios que ya han sido marcados por una historia de exclusión previa. Cuando el Gobierno pierde legitimidad, se activa una narrativa apoyada en la eficacia del discurso racista ensayado desde la colonia. Esta misma narrativa sirvió, a su vez, para "legitimar" el estado de excepción decretado por el Gobierno y aprobado por la Asamblea Legislativa Plurinacional el 21 de junio.

La polarización afectiva alcanzó un punto culminante cuando el presidente convocó – en........

© El País