Cuando la lectura tiene sentido, los niños quieren leer |
Durante mis prácticas pedagógicas desarrolladas en dos gestiones consecutivas en educación primaria, tuve la oportunidad de enfrentar uno de los desafíos más frecuentes en el aula: lograr que la lectura sea comprendida y no solo repetida. Esta experiencia me permitió comprender que las dificultades en comprensión lectora no siempre se deben a la falta de interés de las niñas y los niños, sino, muchas veces, a la manera en que se propone la lectura y al sentido que esta tiene para ellos.
Al iniciar mi trabajo con los estudiantes, asumí el compromiso de fortalecer la comprensión lectora como una habilidad clave para el aprendizaje. En ese proceso, pude constatar que leer no consiste únicamente en pronunciar palabras en voz alta o copiar fragmentos de un texto, sino en entender, interpretar y reflexionar sobre lo que se lee. Cuando la lectura se presenta sin conexión con la vida cotidiana, es comprensible que pierda significado y se vuelva una actividad poco motivadora.
Desde mi práctica, comprendí que uno de los primeros pasos era preguntarme para qué estaban leyendo los estudiantes. Esta pregunta sencilla marcó un cambio importante en mi forma de planificar. Comencé a seleccionar textos cercanos a su realidad, relacionados con su entorno, su comunidad y sus experiencias diarias. Al hacerlo, noté que los niños se involucraban más, participaban con mayor seguridad y se animaban a opinar sobre lo que leían.
La comprensión lectora no se construye de manera automática ni uniforme. Cada estudiante aprende de forma distinta y presenta características propias que influyen en su proceso de aprendizaje. Algunos necesitan más acompañamiento, otro apoyo visual, otros ejemplos concretos o más oportunidades para expresar sus ideas. Comprender esta diversidad fue clave para replantear mis estrategias y buscar caminos que permitieran que todos avanzaran, no necesariamente al mismo ritmo, pero sí hacia un aprendizaje adecuado a su edad y nivel.
En este sentido, entendí que el rol del docente no es exigir respuestas idénticas, sino crear condiciones para que cada estudiante pueda comprender el texto desde sus posibilidades, fortaleciendo progresivamente sus habilidades. La lectura comprensiva se vuelve significativa cuando se acompaña con preguntas orientadoras, conversaciones abiertas y actividades que permitan relacionar el texto con la experiencia personal.
Esta mirada coincide con los aportes de Isabel Solé, quien señala que leer implica construir significado a partir de la interacción entre el texto y los conocimientos previos del lector. Desde esta perspectiva, la comprensión lectora no se impone, sino que se acompaña y se construye de manera gradual.
Otro aprendizaje importante de esta experiencia fue reconocer que la motivación no surge de forma espontánea, sino que se cultiva. Cuando los estudiantes sienten que lo que leen tiene relación con su vida, con lo que conocen y con lo que hacen fuera del aula, la lectura deja de ser una obligación y se convierte en una oportunidad para aprender. En esos momentos, leer ya no es solo una tarea escolar, sino una herramienta para entender el mundo que los rodea.
Además, esta experiencia me permitió reflexionar sobre mi propio rol como futura docente. Entendí que enseñar a leer con comprensión implica una actitud constante de reflexión sobre la práctica, de ajuste de estrategias y de escucha atenta a las necesidades del grupo. No se trata de aplicar una única forma de enseñar, sino de adaptarse y aprender junto a los estudiantes.
Como señala Paulo Freire, antes de leer la palabra, se aprende a leer el mundo. Esta idea cobró sentido en mi práctica cuando comprendí que la lectura adquiere valor cuando se conecta con la realidad del estudiante, con su contexto y con su experiencia.
En conclusión, esta experiencia reafirmó mi convicción de que la comprensión lectora se fortalece cuando la lectura tiene sentido. Desde mi práctica pedagógica, pude comprobar que no se trata de señalar errores ni de buscar culpables, sino de asumir el desafío de enseñar desde la reflexión, el compromiso y el respeto por los procesos de aprendizaje de cada niña y niño. Leer, cuando tiene sentido, se transforma en una experiencia que invita a pensar, a dialogar y a aprender con mayor profundidad.