El «americanismo»: Monroe, T. Roosevelt y Trump |
La independencia de los Estados Unidos (1776) y los procesos independentistas de América Latina (1804-1824), fundaron el primer continente libre del colonialismo europeo, aunque hubo pocos territorios todavía sujetos a los antiguos imperios, como ocurrió con Cuba y Puerto Rico, independizados en 1898. Las potencias europeas no comprendieron esa libertad alcanzada y buscaron la recolonización. Esta amenaza creó serias preocupaciones entre los países independizados y en los EE.UU. Fue el marco preciso para que el presidente James Monroe formulara, durante el séptimo Mensaje anual al Congreso el 2 de diciembre de 1823, la doctrina que lleva su nombre y que se resume en una idea: “América para los americanos”. Era una advertencia a cualquier incursión europea en el continente. Al mismo tiempo el Mensaje argumentó: “Nunca hemos participado en las guerras de las potencias europeas en asuntos que les conciernen, ni es conforme a nuestra política hacerlo”; añadiendo: “No hemos interferido ni interferiremos con las colonias o dependencias existentes de ninguna potencia europea”; y el documento finalmente dejó en claro que los EE.UU. tampoco interferirían en la marcha de los “hermanos del sur” (https://t.ly/WCLYe).
Como ocurre en cuestiones internacionales sobre el poder, de las declaraciones a los hechos quedó una enorme distancia. Varias de las potencias europeas incursionaron en distintos países, mientras el “monroísmo” se demostró como un instrumento favorable a la creciente presencia de los intereses de EE.UU. en todo el continente.
Un paso adelante y con nuevos alcances llegó con el Mensaje Anual del presidente Theodore Roosevelt al Congreso, el 6 de diciembre de 1904. Retomó la Doctrina Monroe, pero no para detener avances europeos en el continente, sino para garantizar la expansión de los EE.UU., que entraban a su plena época imperialista. La renovación del Mensaje consistió, de una parte, en dar al “Corolario Roosevelt” un tinte civilizatorio: “El........