No será igual
Cali volvió a demostrar de qué está hecha. No somos una ciudad perfecta; estamos lejos de serlo. Enfrentamos enormes desafíos en materia de seguridad, desigualdad, infraestructura y convivencia. Durante años hemos hablado del deterioro de nuestro civismo. Sin embargo, cuando la adversidad golpea, reaparece algo profundamente nuestro: la disposición a ayudar, tender la mano y ponernos, con empatía, en el lugar de quien sufre.
Hace tiempo, Cali decidió convertir la solidaridad en uno de sus símbolos; incluso levantó un monumento para recordarlo. El terremoto nos mostró, de la manera más dolorosa, que todo puede cambiar en cuestión de segundos y dejar historias, recuerdos e imágenes difíciles de borrar. Pero también nos recordó que, pese a nuestros defectos, conservamos grandes virtudes. Las imágenes de miles de caleños ayudando a desconocidos, ofreciendo comida, llevando suministros y removiendo escombros constituyen una lección ciudadana........
