Una conducta inaceptable
A Petro le corresponde algo elemental: respetar los resultados de las votaciones de la primera y segunda vuelta por la Presidencia de la República y dejar de apostarle a la confusión y al caos. Ser garante de las elecciones y respetar las reglas del juego cuando no hay ninguna prueba de fraude es una obligación democrática del jefe del Estado. A Colombia no le convienen discursos incendiarios ni mensajes ambiguos frente a un sistema electoral que ha sido reconocido por décadas como confiable.
Cuando desde el Ejecutivo se siembra desconfianza en las reglas del juego electoral, lo que se pone en riesgo no es a una entidad ni a un funcionario, sino a la democracia del país. La actitud asumida por Petro carece de antecedentes en nuestra historia reciente y merece ser reprochada con toda contundencia. Sus pronunciamientos están lejos de reflejar el talante democrático del que........
