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Realismo de principios: negociar o colapsar

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04.06.2026

No quieren dialogar. Los movilizados contra el gobierno de Rodrigo Paz rechazan el método más racional —y también el más ético— para resolver conflictos. Tampoco es que dialogar sea ceder sin más, como asumen quienes exigen mano dura, aunque, ejerciendo empatía, principalmente hacia los paceños, es comprensible la desesperación de donde viene. Dialogar implica esforzarse por reconocer al otro como interlocutor válido, examinar argumentos y acercarse a la verdad de buena fe; supone reciprocidad, precisamente lo que hoy escasea.

Algunos dirán que es cultural; otros, que es individual. Ese debate vendrá luego; para resolver este conflicto es secundario. Lo evidente es que la negación del diálogo no es solo profundamente retrógrada, sino irracional. Alguien se preguntará: ¿Por qué sería irracional la violencia, si quienes la ejercen no parecen estar perdiendo? Porque hay dos maneras de entender la razón. Una, instrumental, centrada en intereses particularistas, donde la violencia —o su amenaza— sustituyen al argumento y se ejercen como una plausible forma de imponerse. Otra, en sentido kantiano, que entiende la razón como la capacidad de actuar según principios universalizables. Son antípodas. La primera puede ser eficaz a corto plazo; la segunda hace posible una convivencia sostenible.

Las consecuencias del conflicto no son abstractas. Según expertos, tras un mes de bloqueos, se acumulan más de 1.000 millones de dólares en pérdidas, una contracción cercana al 4 por ciento y una inflación que podría........

© El País