Instituto Geográfico Militar: Ciencia, territorio y Estado

En un país donde el territorio lo es todo —geografía diversa, fronteras extensas, cordilleras, llanuras y selvas— la precisión no es un lujo técnico, es una necesidad estratégica. El Instituto Geográfico Militar (IGM) de Bolivia, con sede en La Paz y más de 89 años de existencia formal, representa esa precisión al servicio del Estado.

Aunque su creación oficial data del 18 de septiembre de 1936, los antecedentes del IGM se remontan a 1825, cuando el Mariscal Antonio José de Sucre ordenó el levantamiento del mapa de la costa de Atacama, incluyendo Cobija y Mejillones. Desde el nacimiento mismo de la República, Bolivia entendió que conocer su territorio era un acto de afirmación nacional.

La evolución institucional fue progresiva. Desde la “Mesa de Ingenieros” en Chuquisaca hasta la “Mesa Topográfica del Ejército”, el país consolidó una estructura técnica especializada en geodesia, topografía y cartografía. En 1859 se editó el primer mapa oficial de Bolivia, elaborado por ingenieros nacionales, marcando un hito en la consolidación territorial.

La fundación formal del Instituto Geográfico Militar y Catastro Nacional en 1936 respondió a una necesidad clara: centralizar la producción cartográfica y dotar al Estado de información geográfica confiable. Posteriormente, el Decreto Supremo Nº 1158 de 1948 —elevado a rango de Ley— y el Decreto Supremo 1092 de 1973 consolidaron al IGM como la única entidad autorizada para elaborar mapas oficiales del país.

Hoy, el Instituto produce cartografía en escalas estratégicas como 1:250.000, 1:50.000 y 1:1.000.000, además de cartografía temática, vial, catastral y especializada. Administra la Red Geodésica Nacional MARGEN, desarrolla trabajos de geodesia avanzada, teledetección y demarcación de límites, y mantiene estándares internacionales como Centro Oficial de Procesamiento de Datos Geodésicos SIRGAS.

“El territorio no es solo superficie, es información estructurada”, comenta el Lic. Jaime Maguillanes Frías, quien conoce de cerca el trabajo técnico que se realiza dentro de la institución. Explica que cada punto geodésico correctamente establecido permite respaldar obras públicas, proyectos de infraestructura y procesos de planificación urbana con precisión matemática.

El IGM cuenta con ingenieros geógrafos, técnicos topógrafos, distribuidos en los nueve departamentos del país. Esa estructura permite cobertura nacional y capacidad operativa en levantamientos de campo, catastros urbanos y actualización cartográfica permanente.

En un contexto donde la tecnología geoespacial avanza aceleradamente, el Instituto ha incorporado procesos de modernización en redes geodésicas, actualización de modelos de referencia y procesamiento digital de información. Según el Lic. Jaime Maguillanes Frías, la actualización constante no es opcional: “La cartografía debe acompañar el crecimiento del país; si el territorio cambia, la información debe reflejarlo con exactitud”.

Más allá de su carácter técnico, el Instituto Geográfico Militar cumple una función estructural en la organización del Estado. La delimitación precisa de límites, la elaboración de mapas oficiales y la provisión de datos geoespaciales confiables son herramientas esenciales para la seguridad jurídica y territorial.

En ese contexto, la cartografía también adquiere una dimensión histórica y geopolítica. Bolivia, cuya memoria territorial incluye la antigua costa del Pacífico, ha encontrado en la cartografía una herramienta fundamental para comprender su evolución geográfica y proyectar su presencia en el espacio regional. En palabras del Lic. Jaime Maguillanes Frías, “los mapas no solo muestran lo que somos hoy como país; también preservan la memoria territorial y ayudan a entender los procesos históricos que marcaron nuestra relación con el mar”.

“La cartografía es base para decisiones responsables”, señala nuevamente el Lic. Jaime Maguillanes Frías, subrayando que sin información técnica validada, la planificación pública pierde sustento.

En 2025, al cumplir 89 años de creación formal, el Instituto Geográfico Militar reafirma su vigencia como institución estratégica del Estado boliviano. No se trata únicamente de producir mapas impresos; se trata de sostener la infraestructura invisible sobre la cual se apoyan el desarrollo, la inversión y la soberanía.

Por todo este contexto, el Ministerio de Relaciones Exteriores también está llamado a considerar esta dimensión estratégica del territorio —y de su memoria cartográfica— como un insumo clave para proyectar con seriedad y visión las relaciones exteriores del Estado.


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