Del pragmatismo al estallido: seis meses de la política exterior contradictoria de Rodrigo Paz

A seis meses de iniciada su gestión, la política exterior del gobierno de Rodrigo Paz emerge como uno de los terrenos más elocuentes para observar la fractura entre su programa electoral (al menos el propugnado por él durante su campaña) y su práctica efectiva de gobierno.

Prometió una conducción pragmática, soberana y multilateral de la diplomacia boliviana para enfrentar una situación económica extremadamente delicada. Sin embargo, lo que terminó emergiendo fue un alineamiento progresivo con Estados Unidos, la reactivación de viejas recetas neoliberales y una alarmante incapacidad para sostener una posición autónoma frente a actores internacionales. Esa contradicción no solo debilitó la credibilidad del gobierno hacia afuera, también produjo un creciente malestar político y social hacia adentro.

El discurso oficial hablaba de pragmatismo y de una política exterior “sin ideología”. Pero esa supuesta neutralidad terminó revelándose como una forma encubierta de alineamiento ideológico con Washington, particularmente en torno a la doctrina de seguridad estadounidense, donde la lucha contra el narcotráfico vuelve a colocarse como prioridad absoluta. A ello se suma el acercamiento al Estado genocida de Israel, justificado bajo el argumento de que el gobierno del Movimiento al Socialismo había roto relaciones por razones meramente ideológicas. Precisamente ahí aparece una de las grandes falacias del actual gobierno: pretender que existe una política exterior desideologizada. Toda política exterior expresa intereses, jerarquías y alineamientos geopolíticos concretos. Y en este caso, lo que se observa es una subordinación progresiva a la órbita estadounidense disfrazada de opción tecnocrática.

El problema es que ese supuesto pragmatismo ni siquiera funciona en términos estratégicos. Una política exterior racional para Bolivia debería intentar mantener relaciones equilibradas con todas las potencias relevantes del sistema internacional. Debería funcionar con China, Rusia, Irán, India y Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno parece tener ojos y oídos únicamente para Washington. ¿Qué ocurre con China, principal socio comercial del país y uno de los centros fundamentales de la economía mundial? Se la subestima y no se le otorga la centralidad estratégica que merece. ¿Qué ocurre con Rusia? Se mantiene una actitud de indiferencia casi absoluta; incluso frente a recientes calumnias internacionales contra el gobierno ruso, la cancillería boliviana guardó silencio. ¿Qué ocurre con Irán? Se rompe una relación de cooperación militar de manera torpe y desprolija, sin explicación estratégica seria. Todo ello configura la imagen de una diplomacia reactiva, ideologizada y sin capacidad de maniobra autónoma.

La relación con Chile expuso la desconexión entre la política exterior del gobierno y los afectos........

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