Madres infalibles y padres de humo |
Recién pasó el 12 de abril, esa mágica fecha donde la amnesia parental se cura milagrosamente con una visita a la heladería. Resulta casi conmovedor ver el clásico desfile de padres y madres arrasando con las jugueterías para comprar, a precio de descuento, la absolución de sus ausencias. Miro esa escena y a veces siento que vivimos atrapados en una película con un guion tan repetitivo y cínico que asusta. La reciente muerte de Ángel Nicolás, de apenas cuatro años, en Comodoro Rivadavia, no es un trágico accidente del destino ni una "anomalía". Es el clímax perfectamente predecible de un sistema que prefiere adorar conceptos abstractos antes que realidades.
Permítanme desmontar la escenografía que les planteo. Nos han vendido el sagrado mito de la madre infalible. Sostenemos, con una terquedad casi religiosa, que el simple acto biológico de parir descarga automáticamente en el cerebro femenino un software de paciencia infinita, amor incondicional y resiliencia a prueba de balas, presas de la cruz: “madre solo hay una”. Como bien nos advirtió Elisabeth Badinter hace décadas, el "instinto maternal" es un invento fantástico para encadenar a las mujeres a una exigencia inhumana.
Les exigimos a las madres que sean santas abnegadas, que soporten la precariedad, el desamor y la carga mental sin quejarse. Y cuando esa olla a presión estalla nos........