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Normalización del autoritarismo

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02.05.2026

La caída de Maduro no significó el fin del chavismo ni produjo la transición democrática que por años se anticipó dentro y fuera de Venezuela. En lugar de un quiebre, lo que surgió fue una reconfiguración del poder: un nuevo equilibrio entre Washington y las élites del régimen. Bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez, el país parece haber entrado en una fase más ambigua y difícil de interpretar: una estabilidad negociada que no implica democratización.

Lejos de desmontarse, el aparato estatal —militar, judicial y de inteligencia— permaneció intacto. Ese hecho explica en cierta medida por qué Estados Unidos optó por una estrategia pragmática: en lugar de apostar por un cambio inmediato hacia la oposición, decidió relacionarse con quienes ejercen el poder territorial. Más que un ‘cogobierno’, lo que ha sobrevenido es una cooperación funcional, una dependencia mutua donde Estados Unidos necesita estabilidad energética y Rodríguez legitimidad y flujo de capital. Sin lugar a duda ambas partes obtienen beneficios sin alterar las bases del sistema político venezolano.

La transición venezolana corre el riesgo de ser económica antes que política, y extractiva antes que democrática. Washington........

© El País