Prohibir las redes para los adolescentes ¿es suficiente?
Australia se encuentra liderando un movimiento político para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años. A partir de su firme voluntad, varios países entre ellos Francia, España, Reino Unido y Estados Unidos estudian sus propias prohibiciones así como sistemas de verificación de edad y consentimientos parentales más efectivos para que un adolescente acceda a ser usuario de las redes.
Las medidas buscan reducir el impacto de la adicción a las plataformas, la exposición a contenidos dañinos y de los efectos derivados del ciberacoso. El movimiento creciente denota la importancia cada vez mas alta respecto a los riesgos de los contenidos digitales sobre la salud mental de los adolescentes, convirtiéndose en una preocupación ya de orden internacional.
Justamente esta semana, Mark Zuckerberg, compareció frente a un juzgado por primera vez por una demanda de adicción extrema de menores a las redes sociales. El caso se ha mediatizado de manera profunda, como es de esperarse. En las afueras le esperaban los medios y una docena de padres cuyos hijos murieron por problemas derivados de las adicciones a las redes.
En días pasados, Adam Mosseri, uno de los altos directivos de Instagram, ha reconocido por su parte frente al juzgado, que existe consumo problemático de los adolescentes a las redes sociales pero negó que sus usuarios puedan ser “clínicamente adictos” a las mismas.
Reconocer los riesgos así como los efectos dañinos a los que están expuestos nuestros niños y adolescentes frente a las redes sociales e intentar ponerle freno legal a los gigantes digitales a nivel global, constituye un hito que puede sentar jurisprudencia ante las miles de denuncias existentes y especialmente establecer la obligatoriedad de medidas efectivas para proteger la salud mental de los niños frente a contenido digital. Sin embargo ¿esto es suficiente?
Analistas menos entusiastas indican que no es suficiente con prohibir las redes sociales a niños y adolescentes. Creen que sin educación digital así como regulación y supervisión de las plataformas, las restricciones pueden ser ineficaces y pueden desplazar a nuestros más jóvenes a espacios inseguros.
Enseñar a nuestros chicos como usar una red social, qué compartir y qué no, la vulnerabilidad ante el algoritmo, los riesgos ante los que se exponen; son tareas sumamente importantes que no debemos soslayar. La educación es lenta y compleja pero también es posible que aporte más resultados que la sola prohibición.
Nos reta también como padres a informarnos y saber usar las redes sociales, filtros, controles parentales y otros relacionados cuando los adolescentes tengan edad de tener acceso a las redes sociales y poder hacer acompañamiento para que estos puedan estar preparados para hacer buen uso de ellas.
Acercar la reflexión junto a la comunicación abierta con nuestros niños y adolescentes respecto a este tema se muestra como un puntal paralelo tan importante como la propia prohibición. No podemos postergar este trabajo, podemos empezar desde hoy.
