Educar para la paz
El mundo digitalizado nos ha mostrado una nueva dimensión del orden bélico: la transmisión en vivo de conflictos armados con actualizaciones inmediatas, streamings y coberturas directas en tiempo real que nos están acercando de una nueva manera de ver los conflictos internacionales. Nuestros niños y adolescentes no son ajenos, pues están siendo alcanzados por información e imágenes de las que quizás antes era un poco más fácil protegerles.
Especialmente con los conflictos de Ucrania, Gaza y recientemente Irán, estamos siendo partícipes de una nueva manera de conocer y hacer seguimiento a este tipo de noticias, con una sobreinformación y sobreexposición de imágenes difícil de controlar. Estas impactan en los niños de diferentes maneras, una de ellas es normalizar la existencia de conflictos altamente agresivos. Huelga decir los otros tipos de violencia a los que también los chicos están expuestos a diario en nuestro propio contextos: infanticidios, feminicidios, violencia escolar y otros.
Ante esto, a nivel familiar se pueden realizar varias acciones para contrarrestar el ambiente de violencia previniendo y creando formas pacíficas de resolver problemas. La familia es el primer lugar donde se aprende a convivir con otro y a solucionar conflictos sin usar la violencia; por lo que el diálogo y la reflexión son un primer espacio en los que se puede conversar con los niños sobre la insensatez del uso de la violencia para resolver conflictos.
Se pueden fortalecer así, habilidades para educar desde el respeto, el diálogo y la resolución pacífica. En las prácticas diarias también podemos construir aprendizaje emocional y social, para desarrollar competencias para aplicar en casa, como los acuerdos familiares y las rutinas de convivencia pacíficas. Otras formas valiosas son promover la solidaridad y el servicio, pues desarrollan empatía y sentido de responsabilidad social. Practicar el valor del perdón dentro de la casa también puede ayudar a sanar relaciones y enseñar a los hijos que los conflictos pueden resolverse antes de la agresión.
Las Naciones Unidas en 1994 establecieron que “la imperiosa necesidad de implicar a las familias en la educación pacificadora, requiere desarrollar formas de pensamiento crítico ante la sociedad; reflexionar y asumir valores, normas y actitudes facilitadoras para la convivencia, capaces de dar respuesta a los problemas que se les plantean diariamente; reconocer y aceptar los valores que existen en la diversidad de los individuos, los sexos, los pueblos y las culturas; y desarrollar la capacidad de comunicar, compartir y cooperar con los demás”.
A través de estas prácticas se pueden formar niños y adolescentes que vivan con valores como la justicia, la igualdad y el respeto. Al comprometernos con la paz desde la familia, podemos criar hijos pacíficos y contribuimos al bienestar colectivo. No le podemos pedir a la sociedad un cambio que no estamos dispuestos a iniciar en nuestra propia casa.
