La tentación de la foca |
Esta semana, en todo el país, se han posesionado las nuevas autoridades de los gobiernos autónomos: gobernadores, alcaldes, asambleístas y concejales. Nombres nuevos —o reciclados— para viejos problemas. Hay entusiasmo en el aire, como siempre que se estrena una gestión. Esa sensación de página en blanco que tanto nos gusta, aunque sepamos que muchas veces ya viene con tachaduras invisibles. Conviene, entonces, bajar un cambio.
Ni el cinismo de “todos son lo mismo” ni la ingenuidad del “ahora sí” ayudan demasiado. Entre esos dos extremos —la resignación y la fe ciega— hay un lugar más incómodo, pero bastante más útil: la prudencia. Mirar, escuchar, esperar… y, sobre todo, exigir. Gobernar no es prometer: es hacer.
Los nuevos llegan con discursos de renovación, equipos técnicos, slogans bien calibrados y redes sociales afinadas.........