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La ciudad que queremos que florezca

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11.09.2026

En Lisboa me ocurrió con un árbol lo que suele ocurrir cuando uno viaja: descubrí lejos algo que, en realidad, venía de muy cerca. Íbamos en uno de esos buses turísticos que permiten conocer una ciudad sin conocerla del todo, cuando la guía señaló una avenida y anunció que, al comenzar el verano, se cubría de flores azul violáceas. Eran jacarandás.

Me llamó la atención cómo la guía pronunció la palabra. Nosotros decimos “jacarandá”; ella la hizo grave: “jacaránda”. El nombre tiene raíces guaraníes y el árbol que hoy embellece algunas de las calles más fotografiadas de Lisboa es originario de esta parte de Sudamérica.

Los jacarandás lisboetas tienen su propia historia. Las primeras semillas llegaron desde Brasil a comienzos del siglo XIX para incorporarse a la colección del Jardín Botánico de Ajuda. El naturalista Félix de Avelar Brotero promovió su difusión ofreciendo semillas a quienes quisieran cultivarlas por la ciudad. Dos siglos después, al final de la primavera, sus flores forman una suerte de lluvia morada sobre calles y plazas. Un árbol llegado del otro........

© El País