Estrellas en silencio
Hay pérdidas que no hacen ruido. Y, justamente por eso, pasan desapercibidas.
En una columna reciente —Paisajes, en la revista, 88 Grados— Mariana Ruiz pone el dedo en una herida que ya casi no sentimos: la desaparición progresiva del paisaje sonoro.
No habla de nostalgias baratas, sino de algo más incómodo: antes los sonidos eran esporádicos; hoy son permanentes. Antes había intermitencia; hoy hay saturación.
El sonido de la lluvia, del viento, de los arroyos, de los grillos… sigue ahí, sí, pero cada vez más ahogado. Lo que domina ahora es otra cosa: un ruido continuo, invasivo, una especie de zumbido de fondo que ya ni registramos. Hemos pasado, sin darnos mucha cuenta, del mundo del sonido al mundo del ruido. Y lo más inquietante —como sugiere Mariana— es que ya no sabemos cómo era vivir de otra manera.
Marshall McLuhan lo dijo antes, con esa lucidez incómoda que suele llegar tarde: “El hombre solo descubrió la naturaleza después de haberla arruinado”. Primero saturamos el entorno… después........
