Ruge, luego existe, II |
Hace unas semanas escribí en este espacio que el rugido de Abelardo De la Espriella todavía no alcanzaba estatura política suficiente. Hoy no estoy tan seguro. Y no porque haya perfeccionado el programa, aclarado las cifras o aterrizado el libreto, sino porque, como es típico en la recta final de campañas, el país parece haber entrado en una fase emocional donde la estridencia empieza a importar más que la arquitectura del discurso.
Es revelador que no existe conversación donde su nombre no aparezca —empresarios, taxistas, abogados, jóvenes despolitizados, antiguos uribistas decepcionados y hasta electores de centro lo mencionan. A veces con entusiasmo, otras con ironía, muchas con resignada curiosidad, ¡pero lo mencionan! Que soberbio estratega tiene a cuestas y que portentoso candidato es. Todo hay que decirlo; en política, antes de consolidarse como opción, los fenómenos primero se vuelven inevitables, y De la Espriella ya lo es.
Eso obliga a mirar el momento colombiano con menos suficiencia intelectual y más honestidad analítica. El ascenso de ‘El Tigre’ no habla........