La mediocridad que toleramos |
Colombia no es una excepción ni el epicentro de ninguna convulsión global, pero sí un lugar donde varias crisis coinciden sin resolverse. Aquí no se anticipa el futuro del mundo, se muestra lo que ocurre cuando distintas fracturas políticas conviven sin orden. La democracia no ha sido derrotada, ha sido domesticada por actores que aprendieron a ganar sin comprometerse a gobernar bien, mientras el odio y el desprecio funcionan como termómetro del deterioro.
Las ideas no faltan; lo que falta es disciplina. La clase política perfeccionó el arte de prometer mientras abandonó los mínimos de ejecución y de ética pública. Los programas se disuelven en gobiernos improvisados. Ante las cámaras, la élite parece sólida; frente al Estado, se revela débil. Y el votante, convertido en espectador, termina tasando cuentos más que resultados.
De un lado, cuando se busca humillar a la izquierda por prejuicio o cálculo, la política deja de ser debate y se vuelve........