El crisol de la violencia en Nigeria

La República Federal de Nigeria se erige actualmente como el epicentro de una de las crisis humanitarias y religiosas más agudas del siglo XXI. A pesar de consolidarse como la principal potencia económica del continente, representando aproximadamente el 25% del Producto Interno Bruto (PIB) de África, el país enfrenta una dicotomía estructural: una modernidad tecnológica pujante frente a un retroceso bárbaro en materia de derechos humanos y libertad de culto.

Desde una perspectiva demográfica, Nigeria no es un bloque monolítico. Con una población que supera los 233 millones de habitantes, el equilibrio socio religioso es precario; aproximadamente el 47% de la población profesa el cristianismo, concentrado mayoritariamente en el sur, mientras que el norte es de predominancia musulmana. Esta fragmentación geográfica ha sido instrumentalizada por grupos extremistas para convertir el territorio en el "punto focal del yihadismo" global. Durante mi gestión como embajadora no residente, pude constatar que la violencia no es un fenómeno aleatorio, sino una persecución sistemática focalizada en las zonas rurales del Cinturón Medio y el noreste.

La consolidación del terrorismo en la región responde a una competencia letal entre dos franquicias del Daesh: Boko Haram, cuyo nombre traduce "la Educación Occidental es Pecado" y la provincia del Estado Islámico en África Occidental (Iswap). Estas organizaciones no solo compiten por el control territorial, sino por la ejecución de actos de violencia contra la comunidad cristiana como mecanismo de legitimación ideológica. Las cifras son devastadoras: solo en los primeros siete meses de 2025 se registraron más de 7.000 asesinatos de cristianos. Estas acciones evocan crímenes de lesa humanidad, como el secuestro de las 276 niñas de Chibok, en 2014, donde la esclavización femenina y el reclutamiento forzoso de menores subrayan la solvencia financiera y la crueldad operativa de estos grupos.

No obstante, el análisis científico del conflicto revela que la religión es a menudo un catalizador de tensiones subyacentes por recursos biofísicos. El avance de la desertificación ha empujado a las milicias Fulani, pastores nómadas musulmanes, a tierras del sur, donde entran en conflicto directo con agricultores cristianos en estados como Plateau, Benue y Kaduna, a quienes no les importa la religión sino el agua y el territorio. Esta disputa por la tierra y el agua se ha transformado en una limpieza étnico-religiosa que el Estado nigeriano no ha logrado contener, a pesar de sus declaraciones oficiales sobre el respeto a la tolerancia y libertad religiosa.

En el tablero geopolítico, Nigeria es un actor estratégico ineludible. Posee reservas probadas de 37.000 millones de barriles de petróleo y vastos depósitos de gas natural, siendo España uno de sus principales importadores. Asimismo, el Estado de Lagos se ha posicionado como un hub tecnológico global, atrayendo 6.000 millones de dólares en inversión extranjera directa para startups entre 2019 y 2024.  Además, se han convertido en la tercera empresa del cine en el mundo Noniwood. Se producen miles de películas al año que tienen mucho consumo. Este negocio le aporta miles de millones de dólares a este país. Sin embargo, Esta riqueza contrasta con el "agujero negro" de la violencia que desestabiliza la región

La preocupación de potencias como Estados Unidos, manifestada de forma vehemente por la administración Trump, no solo radica en la defensa de la fe cristiana, sino en la seguridad energética y la contención de la influencia rusa en el Sahel. La estabilidad de Nigeria es, por tanto, el eje sobre el cual pivota la seguridad del África subsahariana. El fin de las masacres en localidades como Yelowata y Tabara requiere más que retórica gubernamental; exige una intervención estructural que desarticule el financiamiento terrorista y resuelva los conflictos agrarios antes de que la identidad religiosa termine por consumir la integridad del Estado más poblado de África.

USA abandonó al África durante décadas y este vacío requiere de una presencia más activa y real, ya que tanto China como Rusia le han tomado ventaja en sus inversiones y ayuda bilateral.


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