Naciones Unidas: más daño que bien |
Si en una entrega anterior analizamos la parálisis que asfixia al sistema internacional representado por las Naciones Unidas, hoy debemos reconocer que el diagnóstico ha pasado de la crisis que arrastraba de décadas atrás a la obsolescencia definitiva, sentenciada como tal por una mayoría de observadores internacionales. Y no es para menos.
Frente a la sede de la ONU en Ginebra se encuentra una escultura que parece una confesión de parte anticipada al juicio: una silla de madera de doce metros con una de sus patas rotas. Aunque nació como símbolo contra las minas terrestres, la obra ilustra con crudeza el estado de una organización lisiada, de la que se esperaba más de lo que pudo dar. Es hora de admitir que el esquema de 1945 ya no admite reconstrucciones; se politizó, se burocratizó y tocó fondo. De hecho, si mañana Colombia retirara su costosa delegación diplomática en Nueva York, Ginebra, París o Roma, nadie sentiría su ausencia.
En la práctica, la institución dejó de servir para lo fundamental. Perdió su rumbo en los laberintos de una........