La casa ultrajada
Hay lugares que un país tarda años en volver a habitar con naturalidad. La Casa de Nariño es hoy uno de ellos. En su columna “Se necesita exorcista para la Casa de Nariño”, publicada el sábado en El Tiempo, Luis Noé Ochoa propuso limpiar el palacio de las malas energías acumuladas durante estos cuatro años. La imagen es ingeniosa, pero se queda corta frente a la dimensión del daño.
Ese daño no se remedia con un exorcismo. Allí quedó concentrada demasiada maldad, demasiada mentira, una forma de ejercer el poder que trató las instituciones como pertenencias personales. Lo ocurrido afectó el significado mismo de la Casa de Nariño y dejó una herida que exige distancia histórica y el tiempo necesario para que la institución cicatrice.
Los sitios donde se ejerce el poder conservan la memoria de cuanto ocurre en ellos. Sus salones terminan asociados a la grandeza o a la........
