En el país de la fantasía no tenemos memoria de haber visto una película tan dramática como la que se reproduce estos días, con un escenario salpicado de rojo sangre y en poder de “don nadies”; en materia de orden público, un informe de derechos humanos y violencia política del Cinep revela un panorama sombrío en lo que va corrido de este año, con 409 casos de infracciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario; 69 masacres; desplazamiento forzado colectivo en Chocó, Cauca, Santander, Magdalena. Ni qué decir de la percepción de inseguridad en las grandes ciudades y en las carreteras, que nos recuerdan tiempos previos a la llegada de Uribe al poder cuando el pueblo, desesperado, votó por él masivamente, con rabia.

No sólo el orden público está desquiciado. El orden político - jurídico también lo está: la libertad de prensa tambalea, hecho que denuncia ante la comunidad internacional Vicky Dávila, directora de Semana, y frente al ataque a esa revista por una feroz cuadrilla indígena, la señora Ministra del Trabajo, pirómana de izquierda pura, sale con la perla -colmo del cinismo- de “hacer un llamado a los periodistas para que no sean incendiarios”; el Consejo Nacional Electoral, en uso de sus facultades, ha revocado la candidatura de varios aspirantes y el presidente “revoca” por Twitter tales decisiones por “quitar derechos políticos por sanciones, en abierto desacato a la sentencia de la CIDH”, aunque nuestro primer internacionalista, Rafael Nieto Navia, en su columna en este diario de 1 de agosto último (favor leer) sobre el tema y frente a la Procuraduría, desmonta la Petro- tesis.

Pero también hay fuego amigo: la señora alcalde de Bogotá tilda al presidente de “caudillito de turno” que le quiere sabotear el Metro; la directora de Human Rigths Watch, Juanita Goebertus (“Mamertus”, le decían) critica seriamente la terna propuesta por Petro para magistrados de la Corte Constitucional, por provenir de las entrañas de su gobierno, por un lado, y por el otro, por “tener escasa experiencia constitucional”, y un hombre tan serio como Enrique Gómez, líder de Salvación Nacional, la califica como “una terna de horror”. Y sigue la trama: la Corte Constitucional tumba el decreto de emergencia económica y social en la Guajira; la Fiscalía compulsa copias a la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes para investigar probables delitos en la financiación de la campaña presidencial, y el presidente se desquita diciendo que el ente investigador “está penetrado por el narcotráfico… de alquilar silla preferencial, con baldado de “crispetras”.

Post-it. El renunciante alcalde de Medellín, “Pinturita”, es el retoño perfecto de Gpetro y quiere perfilarse como su hijo predilecto -sí reconocido- para sucederlo en el trono. Es su perfecto clon: inteligentón y malicioso, copia su estilo de hacer política, interviene en ella indebidamente no obstante su cargo, camina relleno de viruta y arrogancia, es lenguaraz, pendenciero, cínico, se enfrenta a las fuerzas políticas tradicionales de Antioquia a quienes califica de corruptas, y deja tirado el cargo con mentiras, simulando hacer campaña de frente por su candidato, “para salvar su ciudad”, precisamente cuando todas las “asustadurías” le respiran en su larga nariz. Algo parecido le ocurrió al ex alcalde de Bucaramanga, “Cosiaca” Hernández, quien se tiró del barco poco antes de que lo hundiera la Procuraduría. Con tal de que te vayas, aunque te vaya bien, “Pinturita”.

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“Pinturita, retoño de Gpetro”

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06.10.2023

En el país de la fantasía no tenemos memoria de haber visto una película tan dramática como la que se reproduce estos días, con un escenario salpicado de rojo sangre y en poder de “don nadies”; en materia de orden público, un informe de derechos humanos y violencia política del Cinep revela un panorama sombrío en lo que va corrido de este año, con 409 casos de infracciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario; 69 masacres; desplazamiento forzado colectivo en Chocó, Cauca, Santander, Magdalena. Ni qué decir de la percepción de inseguridad en las grandes ciudades y en las carreteras, que nos recuerdan tiempos previos a la llegada de Uribe al poder cuando el pueblo, desesperado, votó por él masivamente, con rabia.

No sólo el orden público está desquiciado. El orden político - jurídico también lo está: la libertad de prensa tambalea, hecho que........

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