La corrupción imparable |
El índice de percepción de la corrupción para el año 2025, según informe de Transparencia por Colombia, indica un aumento significativo de ésta. El país perdió siete posiciones en el ranquin mundial, se encuentra en el puesto 99 entre 182 naciones.
El fenómeno impacta en forma grave al Estado, son incontables en los últimos tiempos los escándalos de corrupción como el desvío de recursos de la Unidad para la Gestión de Riesgo de Desastres, la financiación irregular de la campaña presidencial anterior, la recepción de dineros públicos dolosamente por dignatarios del Congreso, la desviación de recursos destinados a servicios, especialmente en el área de educación que terminan en manos de la corrupción.
La Contraloría investiga un daño fiscal por más de $21 millones, el crimen organizado se ha adueñado evidentemente de la política y la promesa de combatirla efectuada en la anterior campaña electoral no se cumplió, muchos funcionarios forman parte de organizaciones dedicadas al crimen que degrada el ejercicio de la actividad pública.
La confianza ciudadana en relación con administradores probos se halla en bajo nivel, contrasta con las frases populistas que se escuchan por parte de algunos aspirantes a la presidencia de la República y alarma, en el informe que comentamos, el dato de que uno de cada diez encuestados reportó que en su hogar se les solicitó un soborno en el último año.
La corrupción no es un problema legal sino el mayor indicativo de la inmoralidad de miembros de la clase dirigente, que se expande. Toca a la comunidad impedir el manejo espurio de la corrupción. Por cierto, la desigualdad contribuye a la polarización, a perturbaciones del orden público, a la afectación de partidos y movimientos políticos.
El discurso del “cambio” prometía honestidad, en la práctica sirvió apenas para ocultar desviaciones éticas en contra de la ciudadanía, evidentemente los círculos cercanos al poder enfrentan interrogantes que la justicia no resuelve con celeridad.
Explicar el elevado índice de la corrupción con la tesis de que el fin justifica los medios se reduce a un descarado esfuerzo por no asumir responsabilidades, a intentar el descaecimiento del Estado. Lástima que en el caso del gobierno Petro los síntomas de la corrupción borren cualquier esfuerzo por adelantar una obra positiva en beneficio social.
En la campaña electoral presente urge que los aspirantes a cargos de representación popular comprueben que no están contaminados con la corrupción y ejerzan un control moral en cada proyecto que propongan. La honestidad no es compatible con la izquierda o la derecha, a unos y otros, a todos nos compete adoptar la posición que necesitamos como paso indispensable para el ejercicio de un buen Gobierno.