Hablar no es un acto inocente

Al principio fue la palabra. Y la palabra no solo fue dicha: fue encarnada. Desde entonces, hablar nunca ha sido un acto neutro.

Cada palabra que pronunciamos lleva una carga creadora, una intención -consciente o no- que modela la realidad que habitamos. Cuando hablamos, estemos atentos o no, vamos creando realidad. No se trata de magia ni de pensamiento ilusorio, sino de nuestra condición humana más profunda: somos co-creadores de nuestra experiencia.

El lenguaje no es un simple vehículo para describir el mundo; es un poder que lo configura. Por eso, hablar no es un gesto inocente, casual o inofensivo. Hablar expresa nuestro nivel de consciencia y también nuestro ego, ese........

© El Nuevo Siglo Bogotá