Gobierno delirante y demagógico
La demagogia oficial se vuelve cada día más desafiante y utiliza todos los medios a su alcance para intentar engañar a los colombianos y llevarlos a votar la primera vuelta por el candidato oficial, bajo la embriaguez de falsas promesas.
El gobierno, que no tiene ninguna obra importante que mostrar en su gestión, se lanza al ataque abusivo y a mansalva, desde los micrófonos y medios oficiales, pagados por los dineros de todos los contribuyentes, nada menos que contra los empresarios más destacados, señalando en particular al presidente de la Andi, Bruce Mac Master, cuya sede fue atacada por las turbas a piedra.
En esa vertiginosa carrera demagógica por inducir al pueblo a votar contra sus benefactores, en vez de entrar el gobierno a explicar el saqueo y los malos manejos en Ecopetrol, donde las pérdidas han sido cuantiosas y sus finanzas un desastre, perjudicando a la masa de colombianos que estuvimos pagando los precios más caros del planeta por el combustible, con lo que se afectó negativamente toda la economía nacional y en especial la población civil sin distingos de clases. En ese caso la responsabilidad del descalabro de Ecopetrol es del gobernante, que nombró en la gerencia a Ricardo Roa, que había sido su jefe de campaña, violó los topes y ha manejado de manera torcida los fondos oficiales, asunto escabroso por lo cual enfrenta líos judiciales.
En la desesperación por engañar a las masas y a los más pobres, que han tenido que pagar directa o indirectamente el combustible más caro que país alguno productor de petróleo ha tenido que sufrir, ahora arremete contra dos de los empresarios más prestigiosos del país, que se hicieron a pulso compitiendo con productos importados de la mejor calidad, vendiendo a precio módicos y obteniendo utilidades razonables para dar trabajo a los colombianos de distinta condición social. Arturo Calle y Mario Hernández, dos ejemplares de emprendedores exitosos, imaginativos, audaces y capaces, que han demostrado que se puede hacer empresa con honradez, precios equilibrados, buen trato a sus trabajadores y, en especial, con la voluntad en alto para competir con productores de otras naciones. Eso infundios oficiales han tenido el efecto contrario y provocado la solidaridad social cerrada en torno a esos capitanes de industria.
Por si fuera poco, el atentar contra esos dos empresarios bogotanos, el demagogo de turno en la Casa de Nariño, la emprende por los micrófonos oficiales con total desvergüenza contra los empresarios antioqueños, olvidando que como gobernante tiene la obligación de representar a todos los colombianos y a sabiendas que la empresa privada antioqueña se destaca por la concertación, por el entendimiento entre los más emprendedores y los accionistas de sus empresas.
En Antioquia los empresarios dan ejemplo de organización positiva, de tener excelentes compañías con millares de accionistas y conseguir hacerlas exitosas para beneficio de la comunidad. Las empresas públicas antioqueñas son de las mejores del país y un ejemplo para empresas del extranjero, por las importantes obras ejecutadas y el buen manejo de las mismas.
Es elemental que el gobernante está inmerso en una campaña política desvergonzada desde el alto cargo que ocupa y que la Carta Política señala que debiera ser imparcial y no entrar en la justa electoral. Está desesperado por vetar desde el poder las investigaciones en su contra, por malos manejos en la campaña presidencial y desde el gobierno. Como las cuentas electorales no le dan para ganar a su candidato en la primera vuelta, trata de tapar la realidad con una suerte de cortina de humo demagógica, para atraer incautos. No conseguirá engañar a nadie. La población colombiana partidaria de la democracia, el orden y la libertad, no caerá en la trampa demagógica. Si se suman los votos del Centro Democrático, de las tendencias de centro, los de los conservadores afines y los liberales moderados, ganará el candidato del centro, Paloma Valencia. Si los indecisos se van por los extremos, por la presión a la izquierda del gobierno, podría ocurrir que en un país polarizado se crezca Abelardo de la Espriella.
Frente a las anteriores posibilidades de perder el poder que el gobierno conoce y evalúa, algunos sectores de izquierda avanzan en delirantes proyectos de incendiar el país, perturbar las elecciones y continuar en la tarea destructiva de consolidar la violencia a la manera de la demagogia de la paz total.
