Sobre la importancia de una ciudadanía científica
Hay una frase que he repetido en distintos escenarios y que hoy quiero traer con intención: “No solo se hace ciencia en un laboratorio, con bata blanca”. La digo porque, todavía, en muchas conversaciones, la palabra científico pareciera quedar reducida a una imagen única: una persona en un laboratorio, rodeada de probetas, tubos de ensayo y microscopios. Basta con buscarla en internet y mirar las imágenes para confirmarlo. Claro que eso es ciencia. Pero no es la única ciencia.
También es ciencia lo que se construye en el territorio, lo que se investiga en la escuela, lo que se crea y se innova desde las artes, las humanidades y las ciencias sociales; lo que se aprende en la finca, en el taller, en el hospital, en la comunidad, en la calle y en el aula. Es ciencia también la capacidad de observar con rigor, hacerse buenas preguntas, contrastar evidencias y tomar decisiones informadas. Y esa es una idea que vale la pena defender con firmeza: la ciencia no es un privilegio; es una herramienta pública.
Por eso, cuando hablamos de ciencia, también debemos hablar de ciudadanía. Así como hace años empezamos a discutir “con brechas aún enormes” la noción de ciudadanía digital, es momento de insistir en otra igual de urgente: la........
