We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Esperaban a Supermán y llegó el Pato Donald

2 16 5
04.08.2020

Leer las aventuras de Supermán era un pasatiempo barato. Costaba 0,75 bolívares y si no lo estropeabas el suplemento se podía cambiar por otro en similares condiciones con los amigos. También en algunos kioscos, pero con un costo adicional que variaba según el prospecto de agallas que tuviera el comerciante.

Leer suplementos era tan común como ver El Show de Joselo los martes en la noche o Radio Rochela los lunes. Los miércoles a mediodía llegaban las nuevas aventuras de Supermán y el resto de la legión de héroes y villanos: Batman, El Halcón Negro, El Halcón de Oro, Aquaman, Linterna Verde, Tarzán, El Llanero Solitario, Roy Rogers, Red Ryder, Marvila –la Mujer Maravilla–, Tom y Jerry, El Pájaro Loco, Gasparín –el fantasma amistoso–, El Gato Félix, La Zorra y el Cuervo, El Conejo de la Suerte y todos los personajes de Disney, con una especial preferencia por Tribilín y la vaca Clarabella, tan esbelta y coqueta como ingenua.

Los suplementos, como le decían los caribeños a los tebeos de los madrileños –Mortadelo y Filemón– y a las historietas de los “filósofos” del Cono Sur, eran tan cuestionados como hoy los videojuegos, las mangas japonesas y el prehistórico jueguito de tenis de Atari. Fue entonces, antecediendo las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile, Jorge Videla en Argentina y Juan María Bordaberry en Uruguay, cuando Ariel Dorfman y Armand Mattelart publicaron el librito Para leer al Pato Donald, que fue una puñalada en el plexo solar de la industria del cómic. Mafalda, Condorito y los personajes del Corín Tellado del trazo,........

© El Nacional


Get it on Google Play