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¿La misma historia?

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30.10.2021

Nihil Nonum sub sole (Nada nuevo bajo el sol)

Venezuela es un país empobrecido. Hoy como nunca contrasta la riqueza mal habida de unos pocos, cercanos al poder, con la precariedad de existencia de las grandes mayorías que cotidianamente luchan por sobrevivir. Uno de cada cinco compatriotas, se han visto obligados a abandonar el territorio nacional. Nos encontramos en una situación inimaginable cuando Hugo Chávez llega al poder. Después de más de dos décadas, las propuestas político-ideológicas que promocionaba el socialismo del siglo XXI, han sido abandonadas dando paso a la formación de un Estado delincuente.

Desde hace años el rechazo popular al régimen es indudable. Amplio y variado el respaldo y apoyo internacional que recibe una oposición muy heterogénea. Al lado de una oposición nominal inclinada al colaboracionismo indigno, hay variadas posiciones que tienen como objetivo fundamental salir de Maduro, como paso fundamental para la reconstrucción de la tierra que nos vio nacer. Lamentablemente, los adversarios de Maduro se alejan, con frecuencia, de la unidad mínima indispensable para derrotar al régimen. Tenemos un liderazgo opositor muy disminuido, no siempre percibido claramente como tal por el pueblo y la comunidad internacional. El deslinde del régimen de muchos dirigentes y organizaciones no ha sido claro. Hoy, con los llamados “alacranes” y “enchufados”, son evidentes oscuras vinculaciones que durante mucho tiempo vienen condicionando las políticas de partidos opositores y organizaciones de la sociedad civil.

También debemos agregar las dificultades que sufre cualquiera que vive en Venezuela y sobre todo las derivadas de la estrategia del miedo y la represión generalizada que se multiplica en la medida que el rechazo al régimen se amplía y profundiza. La persecución, los presos políticos, su muerte en prisión, las violaciones continuas de derechos humanos son ya parte del sistema opresor.

Ante nuestra dramática situación variados han sido los caminos que los demócratas venezolanos hemos transitado y seguimos atravesando para salir de Nicolás Maduro. Nos referiremos a tres de ellos: el proceso ante la Corte Penal Internacional, el diálogo de México y las elecciones. Los tres pueden transitarse paralelamente y complementarse en determinadas circunstancias. Los tres tienen en común que se realimentan y requieren para su éxito del apoyo de la comunidad internacional.

Corte Penal Internacional

La Corte Penal Internacional es un órgano permanente, no dependiente de las Naciones Unidad, creado por el Estatuto de Roma en 1998 y vigente desde 2002. El tratado que le dio origen ha sido ratificado por 123 estados, entre ellos por Venezuela. Lamentablemente, no lo ha sido por Estados Unidos y Rusia. China y la India ni siquiera lo suscribieron. No es un tribunal ad hoc para un caso concreto como el de Nuremberg para los crímenes de la II Guerra Mundial o los de la ex Yugoslavia o Ruanda. Tampoco debemos confundirla con otros tribunales internacionales con sede en La Haya. La Corte Penal Internacional tiene vocación y aspiración de universalidad, actúa sobre la base del principio de complementariedad con las jurisdicciones nacionales.

Desde hace varios años se investiga en la Corte Penal Internacional, a solicitud de Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Paraguay y Perú, la comisión de crímenes de lesa humanidad en Venezuela de los que serían responsables Nicolás Maduro y de otros jerarcas del régimen.

El proceso avanza lentamente, pero mucho más rápido que procesos similares, aumentando cada día las posibilidades de un desenlace condenatorio de los enjuiciados.

Terminada la fase preliminar en diciembre de 2020, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional concluyó que existe fundamento razonable para creer que en Venezuela se cometieron crímenes de lesa humanidad al menos desde abril de 2017.

Lo que está ocurriendo en La Haya influye en el diálogo de México muchísimo más que lo que lo este afecta el proceso ante la Corte, aunque puede ser determinante para el proceso electoral que se desarrolla en Venezuela.

Consideramos que dictada una sentencia condenatoria estarían dadas las condiciones para proceder a su ejecución. No hacerlo, debilitaría el derecho internacional y reforzaría los caminos del terrorismo y la violencia por parte de los pueblos que sufren los atropellos del poder. Ejecutar la sentencia sería un avance en la vigencia y eficacia del derecho internacional humanitario cónsono con los nuevos tiempos. Indudablemente contribuiría a la globalización de la justicia Sería un adelanto importantísimo del derecho internacional de los derechos humanos desarrollado en América Latina particularmente por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y que no debemos confundir con el derecho internacional humanitario que se aplica a los conflictos armados.

Como diría Richard Goldstone: “Los gobiernos ya no pueden esconderse detrás de la soberanía nacional, pues saben que existen organizaciones internacionales y otros gobiernos que velan por la protección de los derechos de los ciudadanos de sus países”.

A nuestro juicio, la ejecución de la sentencia significaría el fin del régimen de Maduro, habida cuenta del apoyo interno e internacional con el cual contaría.

Diálogo

El diálogo es mirado en Venezuela con mucha desconfianza.........

© El Nacional


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