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Dura lex sed lex

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31.03.2020

Pudiéramos preguntarnos si la fe, entendida como la certeza de lo que se anhela, y la esperanza, o sea, la confianza en que ocurrirá aquello que deseamos, van unidas, en ese mundo complejo que es el alma. Pero, asimismo, cuál de ellas iría primero.

Ese es el tema de una conversación entre dos venezolanos exiliados, dado el cataclismo generado durante las últimas casi dos docenas de largos años, uno, Pedro Salazar, en Lima y el otro, Justiniano Martínez, en Medellín, ambos con mujer y tres hijos el primero y cuatro el segundo. Ingeniero uno y abogado el otro.

La conversación se interrumpe cuando Manuela Quijada, profesora de leyes en Caracas, la esposa de Justiniano, también enseñante, pero, de ciencias políticas, lo conmina a dejar el teléfono, pues, en la TV, William Barr, fiscal general de Estados Unidos, anuncia cargos en tribunales de su país contra Nicolás Maduro por narcoterrorismo, importación de cocaína y tenencia de armas. Pero, que, asimismo, involucra, entre otros, a Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y Maikel Moreno.

Mi amor, “Dura lex, sed lex” grita Manuela en medio de un fuerte abrazo a su marido, “la fe y la esperanza se han unido, para salir de la penuria a la que nos tienen sometidos”. “Dios no olvida”, responde Martínez, expresando a su mujer que una luz ha aparecido al final del túnel.

Pero agradezcamos, también, a los romanos, agrega Justiniano, pues introdujeron la máxima «dura ley, pero ley”, convencidos de que cuando la ley no se aplica las sociedades explotan y mucho más cuando las transgresiones se generan desde los propios poderes públicos. Y que tales conductas y consecuencias han de condenárseles, aunque sus efectos puedan calificarse como inhumanos. La pauta nace ante la necesidad de combatir, precisamente, la influencia, entre otros, de pontífices y magistrados, práctica que prosiguió, a pesar de que en Roma la ley escrita, para evitarlo, había suplantado a la oral. La máxima “Dura lex, sed lex” terminó, por tanto, siendo complemento de lo escriturado, en procura de alcanzar tan sano propósito.

La tertulia se suspende por llamada telefónica desde Medellín del ingeniero Salazar, cuya voz no revela la misma alegría, pues manifiesta a Justiniano dudas........

© El Nacional


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