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Adiós al hombre que cambió el beisbol venezolano

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06.09.2019

Puede que el nombre de Alfredo Guadarrama no sea tan sonoro en los oídos de los venezolanos más jóvenes. Pero ese hombre, que este jueves se despidió calladamente de todos los que le amaron, resultó nada menos que el gerente que devolvió al Magallanes su lugar en la historia y cambió nuestro beisbol para bien, y para siempre.

Guadarrama estuvo lejos de las páginas y pantallas de nuestros medios de comunicación en los últimos años, muy a pesar de quienes le conocimos y tuvimos la oportunidad de dar cobertura a su tiempo al frente de la nave.

Un accidente cerebrovascular le encerró en su casa desde la década pasada. Poco antes había cumplido 60 años. Había cedido la presidencia de los Navegantes a Juan José Ávila, su mano derecha durante la dinastía que fue de 1994 a 1997, la de las tres coronas, dos de ellas ante los Leones en las primeras dos finales que disputaron los Eternos Rivales en la LVBP.

Fue una lástima. No solamente porque los turcos perdieron antes de tiempo a un guía, a uno de sus mejores ejecutivos de todos los tiempos, que ha podido ser asesor, conciliador y luz necesaria desde el Consejo Directivo, donde históricamente recalan las figuras más prominentes del tren de mando azul; junto a esa pérdida anticipada de los bucaneros pesó la injusticia de confinarle a un recinto lejos del estadio José Bernardo Pérez, el parque vetusto e incómodo que él convirtió en el mejor de Venezuela.

Antes de 1992, cuando asumió la presidencia de la Junta Administradora, Magallanes era un club en continua crisis, sin títulos desde 1979, que había dejado de producir estrellas, que en sus tiempos más oscuros impuso el récord de menos victorias en una temporada de la Era de la Expansión y de más derrotas en otra. Los escenarios donde se disputaba la liga eran de difícil acceso, poco agradables y fuera de moda, construidos varios decenios antes, sin más ángel que albergar un verde diamante beisbolero.

Era una época en la que las novenas y sus astros estaban lejos de la afición. Vestir una camisa o gorra........

© El Nacional