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Una ministra calceta

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30.10.2019

Los artificios de difusión han notificado que en Bogotá fueron borrados, por terceros no vinculados a sus autores, un par de objetos pictóricos que tenían como sujetos el gobierno de Iván Duque y el Ejército de Colombia. Uno era una obra de arte; el otro, sin duda, un instrumento propagandístico para continuar la campaña de desprestigio del Ejército emprendida desde los años de la firma del pacto FARC-Santos.

En septiembre el Salón Nacional de Artistas había aceptado una propuesta de Paola Gaviria, alias Powerpaola, ilustradora y escritora acreditada en el sector del arte por haber ejecutado, durante dos semanas, en París, una acción artística interdisciplinaria dibujando lo que veía a su alrededor mientras permanecía enjaulada en un armario de vidrio; y Lucas Ospina, hijo de la gran fotógrafa Vicky Ospina y un falso actor hermano del recién fallecido proyectista de Cali Wood, empresa quimérica que ficciona la existencia del cinematógrafo en un lugar de terratenientes, aplicados a la neoesclavitud de las razas originarias y los afrodescendientes.

Lucas, profesor de la Universidad de los Andes, es, por ventura, el más serio y eficiente crítico nacional de arte de nuestros días, autor de numerosas interpretaciones sobre la incidencia de las ideologías políticas y la corrupción en el arte que se hace en Colombia, o se fomenta desde las instituciones del Estado. Uno de esos textos ejemplares, por citar una muestra de su faena, confecciona un perfil del tramposo, corrupto y catatónico Antanas Mockus, como artes/ano político, muy superior en sus obras a otros demagogos plásticos como Belisario Betancur, productor de un espectáculo colectivo denominado Retoma del Palacio de Justicia, o César Gaviria, maestro del arte ilegal, cuya gran obra sigue siendo La Catedral de Pablo Escobar y el Bombardeo ficticio de Casa Verde. Reciente es también su interpretación de las acciones del actual presidente colombiano, como operario mudo de la elocución, o el arte de hacer del habla una partitura congelada de la pronunciación, el estilo y el tono, cuando todo lo que dice puede ser cierto, pero a nadie convence.

Gaviria y Ospina estuvieron trabajando en la pared que da a la Avenida 19 de la capital colombiana, del inmueble donde la embajada norteamericana inició, hace siglos, la enseñanza del inglés. Pero el Colombo Americano de Bogotá es el único de los Colombos que no está tutelado por los gringos de la embajada, sino por un grupo autónomo, que financia, con dineros de sus enormes ganancias, actividades culturales. Durante años, bajo la dirección de la esposa del propietario de la Casita Roja de Davivienda, fue prácticamente el centro cultural de la capital, tanto en exposiciones, como eventos culturales, e incluso, políticos.

Los artistas Ospina y Powerpaola decidieron, como sucede en todas partes donde hay “libertad de expresión”, es decir Hong Kong, hacer críticas a los poderes centrales y pintaron al presidente Trump manejando las cuerdas de los poderes del senador Alvaro Uribe y este, a su supuesto o pretendido títere, el presidente Duque. Sin que podamos decir que esos deseos fueran realidad, sino Wishful Thinking o Pensamiento desiderativo porque, así no lo crea nadie, ni Uribe es títere de Trump, y, todos lo sabemos, precisamente por no pararle bolas al presidente eterno, sino al eterno traidor, Duque va de mal en peor.

Quien crea que fueron esas tres imágenes las que asustaron a los pacatos del Colombo, ordenando borrar el mural, están meando fuera del tiesto. Lo que provocó la reacción de Maricela Velez, su directora cultural, dama muy adepta al farc/santismo y la hipocresía política, fue la imagen de una mujer recibiendo tremendo cunnilingus, una vieja y maravillosa práctica sexual que consiste en lamerle el clítoris a la dama hasta que ella aúlle como una loba en los desiertos de Nevada. Y más adelante, en su espléndida concepción narrativa, un par de maricas y otro par de lesbianas, introduciéndose las lenguas en las bocas hasta el hartazgo. La pacatería de la casta bogotana no tiene antecedentes en la historia humana. Igual cosa había sucedido, causando mucho ruido, cuando al perverso poeta,........

© El Nacional