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Juan Liscano

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25.07.2019

Descendiente de notables familias patricias de Venezuela, entre cuyos antepasados hubo un caudillo agrario: Carlos Liscano, su abuelo, derrotado, como Aureliano Buendía, por liberales y conservadores por defender la honradez administrativa y el nacionalismo; y el general José Antonio Velutini, que llegó a Caracas con una revolución y fue varias veces ministro de Estado, Juan Liscano Velutini (Caracas, 1915-2001), huérfano de padre a poco de nacer, estudió en Bélgica, Francia y Suiza y regresó a Venezuela en el mismo momento en que fallecían tanto su padrastro como el “cesarismo democrático”de Juan Vicente Gómez, decidiéndose poeta en una nación que desaparecía o no había existido.

Un país que, con 1 millón de habitantes y enormes riquezas petroleras, soportaba seis lustros de tiranía paternalista sin contemplaciones, tenía miles de hombres y mujeres en las cárceles y el exilio, y no había conocido los beneficios de la llamada civilización del siglo XX. Quizás por estas razones en sus 8 poemas de 1939, hizo una terrible caricatura de las megalópolis, maldiciendo las ciudades por ser lugares de podredumbre y enalteciendo, en cambio, la vida campirana. En esos poemas primeros está casi toda la substancia que dilataría como programa de su vida y obra.

Juan Liscano joven

A medida que ingresaba en la vida ilusoria y social de aquel siglo de horror, Liscano se fue transformando, acicateado por Waldo Frank y Juan Larrea, en un furibundo latinoamericano que, incluso, necesitó palpar la tierra misma y buscar sus orígenes. Viajó por el continente y se sumergió en el folklore, alma de los pueblos. Como resultado de esta ingente labor quedan numerosas grabaciones de música popular venezolana –que reposan en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, la Revista Venezolana de Folklore, y en su libro Folklore y cultura, elogiado en su momento por Alejo Carpentier. Después vendrían años de infierno y catarsis, décadas en las cuales el poeta y el hombre buscaron con afán, sin descanso y dolor, una imagen de sí como parte del ente colectivo. Fueron esos los años de la lucha contra Pérez Jiménez, cuando se solidarizó con Leonardo Ruiz Pineda en la resistencia clandestina contra el tirano, del exilio parisino, la defensa de Rómulo Betancourt en........

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