Paz y el “monstruo” que no queremos ver |
El “monstruo” más peligroso no es ese al que apuntamos con el dedo, sino el que se instala silenciosamente en nuestro interior: la deshumanización.
Me llega un audio desgarrador: “Me estoy volviendo un monstruo, quiero quemarlo todo”. No habla de fantasía. Habla desde la tristeza profunda, desde la rabia y la impotencia, porque los horrores que él vivió cuando niño, los siguen sufriendo otros niños, niñas y adolescentes hasta hoy. Él está lejos de ser un “monstruo”, todo lo contrario, lo monstruoso es el entorno que permite que esto suceda.
El “monstruo” se construye lentamente, a golpes de abandono, a punta de silencios, de puertas que se cierran, de manos que no llegan a tiempo, de poderes que te usan y luego te ignoran. Se construye cuando una vida –sobre todo una de pocos años– aprende demasiado pronto que el mundo no es un lugar seguro.
Es alguien cuyos derechos humanos fueron violados reiteradamente, incluso por quienes tenían el deber irrenunciable de protegerlo: el Estado, las instituciones públicas y privadas involucradas y los adultos responsables. Sename fue una de las expresiones terribles de ese modelo y hoy siguen vigentes........