Corrupción: el año en que dejamos de fingir sorpresa

Debemos entender que la transparencia no puede depender de filtraciones ni de escándalos, y que la verdadera fortaleza institucional se mide cuando el poder acepta límites y se deja controlar, pero también cuando quienes deben fiscalizar, supervisar y rendir cuentas asumen activamente su rol.

Cada fin de año invita al balance. Pero al mirar 2025 en perspectiva, se vuelve imposible ignorar una señal inquietante: la corrupción se instaló en el centro del debate público. No como una suma de hechos aislados, sino como la constatación de una verdad que durante años preferimos eludir sobre su carácter estructural, que atraviesa instituciones, ideologías y uniformes, y que aparece cuando se debilitan la supervisión, la transparencia y la ética.

Aún en los últimos días del año continúan saliendo nuevos casos a la luz. Así, cerramos este 2025 con una noticia nada de auspiciosa. La Contraloría reveló un desorden financiero por más de US$ 17.300 millones en ministerios y municipios durante los últimos cinco años. Ninguna de las 73 entidades fiscalizadas logró aprobar sus estados financieros, debido a la falta de respaldo, débil o inexistente fiscalización internos y graves inconsistencias contables. Un diagnóstico que sintetiza cómo la falta de control se tomó la agenda pública.

No estamos frente a situaciones aisladas ni a errores administrativos, sino ante una práctica reiterada de desorden, opacidad y tolerancia institucional que erosiona de manera persistente la confianza........

© el mostrador