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La verdad del viaje al Biobío

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28.11.2021

A eso de las 15.30hrs del lunes comenzaron a llegar los convencionales al aeropuerto de Pudahuel. El movimiento de gente era como antes de la pandemia. Realizamos el check in en las últimas ventanillas a la derecha, mientras una fotógrafa nos apuntaba con el zoom desde un costado. La votación del domingo impactó en la Convención. En la fila sólo se hablaba de eso. Felicité a Gutiérrez y a Barraza por los resultados del PC en las parlamentarias, pero el ambiente no estaba para festejos. El triunfo de Kast y la votación de Parisi tenían a la mayoría anonadada.

La Convención fue electa durante el clímax del estallido social y ahora el péndulo tocaba la campana del orden. “Tenemos que bajar varios cambios”, me dijo una convencional, “yo hablé con el Nico Nuñez, el de la guitarra, y acordamos vestirnos más formal”, comentó otra. Acto seguido, agregó: “tú también deberías”.

Durante el viaje, el “acuso de recibo” salió permanentemente a colación: que debemos tender a los acuerdos, que la ciudadanía está cansada tras una revuelta, una pandemia, conflictos en el norte, tiroteos y muertes en el sur, precios que se disparan, delitos cada vez más violentos, redes altisonantes y discursos furiosos.

El proceso constituyente, por su naturaleza, es otro factor de incertidumbre. Unos lo odian desde su gestación y desean su fracaso, los cínicos lo desprecian y sus cómplices aprietan los ojos como rezando para que funcione. Estos últimos suelen acercarse a nosotros para darnos ánimo, agradecer el esfuerzo y transmitirnos que no estamos solos. Muchos preguntan “¿cómo vamos?”, y al menos yo, suelo responder “navegando, no siempre por mares calmos, pero avanzando”. Si para ellos es una incógnita, para nosotros, los constituyentes, es una obligación conducir este barco a buen puerto. Hay quienes tienen causas personales o grupales que consideran más importantes, pero aquellos conscientes de que nos embarga una tarea común somos cada vez más.

Esta gira por el Biobío ha servido, entre otras cosas, para fortalecer esos vínculos. En los buses, en las comidas, al final de la jornada, convencionales de todas las bancadas conversaron con tiempo, bajaron barreras, se rieron juntos y descubrieron, como sucede cuando nos encontramos, que las coincidencias eran muchas, seguramente más que las discrepancias. Si en el discurso público reinan las diferencias, en el privado es al revés.

Subimos al avión como si fuera un paseo de curso. Abundaron las selfis con convencionales haciendo morisquetas desde los asientos de atrás. Quienes avanzaban por el pasillo lo hacían golpeando hombros, echando tallas, preguntando “¿en qué hotel te tocó?”

Llegamos a Concepción al final del día. Andrés Cruz, convencional de la zona, invitó a un asado en su casa a los miembros del Colectivo Socialista. Sus amigos más cercanos lo prepararon y sirvieron. Mario Vargas, de Osorno, guitarreó y cantó a los Quilapallún, Rafaella Carrá, Charly García, Chico Trujillo y los Ramblers. Parecía saberse todas las canciones del mundo. La Adrianita Cancino cantó a Chavela Vargas; Baradit, La Copa Rota. En el Frente Amplio tuvieron una recepción parecida. Ellos sufrieron el remezón electoral con mucha más fuerza que el resto. La candidata de los socialistas, demócrata cristiana, había perdido, pero apenas esperaban otra cosa. Varios no votaron por ella. Una parte, entre la que me cuento, lo hizo por Gabriel Boric. Ahora estaban todos con él.

Los constituyentes de la región hicieron de anfitriones. A la mañana siguiente se constituyó el pleno en el edificio de la gobernación, que antes fue la Estación Central de Ferrocarriles y donde está el mural de Gregorio de la Fuente con la Historia de Concepción, sus vientos, temblores, españoles de........

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