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Jornadas de agitación: el desorden tiene los días contadados

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31.10.2021

Esta semana terminaron los discursos de apertura en que cada convencional pudo mostrar sus cartas. Agustín Squella defendió la diversidad como un bien y la necesidad de asumir la tolerancia activa como reto central de la Convención, es decir, “acercarnos a quienes tienen creencias y modos de vivir distintos a los nuestros… acercarnos unos a otros, cruzar al frente -como decimos acá- hacia los que vemos como adversarios y no como enemigos, espero”. Lo dijo con un tono calmo y profesoral, muy distinto al usado por Teresa Marinovic, minutos más tarde, quien apenas la lucecita roja indicó que el micrófono estaba abierto, se largó a gritar que muchos de nosotros mentíamos sistemáticamente, que simulábamos enfermedades, que éramos enemigos de lo bueno, “que no quede bandera, himno, república…” (mintió que queríamos), victimizados defensores de la cultura del fracaso, unos resentidos y envidiosos, exaltadores de lo feo. “Son ustedes unos frívolos, ¡basta!” sentenció como un pastor de plaza-, ¡basta! de mujeres que se llaman feministas…”, “¿¡No les da vergüenza!?”. Escenificó ese humor que abunda en la clase alta -lo conozco- donde suele confundirse la franqueza con el desprecio, “las cosas como son”, “las cosas por su nombre”, sin nunca abrirse a que podrían ser de otro modo y llamadas distintamente. Antes de terminar, se referió a la Virgen del Carmen como su “Patrona”, y olvidando que su arenga olía a pólvora, nos conminó a un “Chile libre, unido y en paz”.

El abogado Nicolás Nuñez (29) -uno de los tipos más simpáticos de la Convención, el tallero del curso, abierto, relajado y, como Squella, amigo de la tolerancia-, subió al podio con una guitarra negra y cantó una payas en las que se rió de varios convencionales, declaró creer "firmemente en la vía institucional" para realizar cambios, llamó a "no pasar la máquina" y a moderarse, porque "si le echamos mucho al saco, podemos romper el saco”. Después propuso “desformalizar los espacios donde se toman las decisiones del poder (...) porque si chasconeamos esos lugares vamos a entrar los Núñez, los González, los Sánchez, los Pinto, todos aquellos que no estamos acostumbrados” a sus etiquetas, explicó. "Hay que chasconear a los Jürgensen, hay que chasconear a los Marinovic, a Moreno, al señor Arrau, al señor Atria, hay que chasconearlos a todos ellos. Don Monckeberg ya está medio chascón (…), así que bien por eso”, continuó.

Su performance produjo efectos muy distintos en el hemiciclo que afuera. Adentro generó un espontáneo ambiente de distención, una pausa festiva en medio de las reivindicaciones, las rabias, las penas y las doctrinas, y aunque el último verso estuvo de más -“Yo soy un constituyente, el delincuente es el........

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