Retroceso civilizatorio: ni Maduro ni Trump
Cabe preguntarse si los principios civilizatorios de finales del siglo XX están definitivamente perdidos o si se logrará recuperarlos a corto plazo. Sin ellos, ninguna persona y ningún país puede sentirse tranquilo. No es buenismo, es realidad. Sin el imperio del derecho solo reina la arbitrariedad.
No alegrarse junto a los venezolanos que celebraron la caída de Nicolás Maduro es no tener corazón, como dijo Rafael Gumucio. Durante su dictadura, Venezuela sufrió una crisis política, humanitaria y económica que llevó al exilio a cerca de 8 millones de ciudadanos. Más que los emigrantes de Siria durante la guerra de ese país.
Desgraciadamente, con el correr de las horas, la felicidad de un final tan esperado se ha ido diluyendo para dar paso a la incertidumbre y el temor. Y es que Maduro no cayó por la acción decidida de su pueblo y la oposición organizada para asumir el poder, sino por el secuestro (o extracción desde su dormitorio) por parte de los soldados estadounidenses bajo las órdenes de Donald Trump.
Quien reemplazó a Maduro en la presidencia no fue María Corina Machado, la líder de la oposición, ni Edmundo González, el presidente electo cuyo triunfo fue escamoteado por el dictador. El poder quedó en manos de Delcy Rodríguez, la mujer fuerte del chavismo, quien dice seguir siendo fiel a Maduro, pero que, en la práctica, fue ungida como presidenta con el beneplácito del Gobierno de Estados Unidos.
El futuro de Venezuela aún pende un hilo. Está por verse cuán dócil resulta Delcy Rodríguez frente a las exigencias de Donald Trump, en el manejo del petróleo. Ella conoce bien el negocio. Sabe que su destino está íntimamente ligado a las reservas de petróleo más grandes del mundo, mayores incluso que las de Arabia Saudita. Desde agosto de 2024, además de vicepresidenta, era ministra de Hidrocarburos, es decir, una figura clave para la economía y una interlocutora habitual y........
