Cuando la política renuncia a construir paz |
Uno de los mayores errores del progresismo fue haber confundido empatía con silencio. Por miedo a parecer funcional a la derecha, muchos evitaron decir algo evidente: que la violencia terminó atrapando a La Araucanía en un ciclo sin salida.
Durante años, parte importante del progresismo chileno observó con simpatía, incomodidad o silencio a grupos que eligieron la violencia como forma de acción política en La Araucanía.
Y para ser honestos, ese fenómeno no surgió de la nada. Existía una deuda histórica evidente con el pueblo mapuche: despojo, pobreza, abandono y un Estado incapaz de ofrecer soluciones reales. También es cierto que hace décadas el conflicto ayudó a instalar en la discusión pública una realidad que gran parte del país prefería ignorar.
Pero comprender el origen de un fenómeno no significa renunciar a evaluarlo críticamente décadas después.
Porque hoy la pregunta incómoda ya no puede seguir evitándose: después de tantos años de violencia, ¿qué se ha conseguido realmente para las comunidades mapuche?
La respuesta es dura. No........