O José Antonio Kast rompe el economicismo… o la mediocridad seguirá mandando

El orden económico vigente protege, hace décadas, a una oligarquía rentista. Cansada. Sin imaginación. La de Coronación (de Donoso), pero los hechizos históricos se rompen. Basta un instante de lucidez. Entonces vuelve lo esencial: comunidad, cooperación, responsabilidad mutua.

Chile vive en la superstición: la economía neoclásica. Se la repite como dogma. Se la enseña como ciencia. Se la obedece como destino. Pero es una fábula.

Los manuales de la extraña disciplina comienzan con una escena imaginaria: individuos aislados trocando mercancías. Después aparece el dinero. Luego el mercado. Y de ese mecanismo primitivo habría surgido la economía moderna.

Esa historia es mentira.

Las comunidades humanas no nacen intercambiando. Nacen viviendo.

El grupo produce lo necesario para comer, defenderse, cuidar a niños, ancianos y enfermos. ¡Nadie preguntaba qué parte del mamut le correspondería antes de salir a cazar!

El trueque existió, sí. Pero en los márgenes. Y en esa clase extraña que vivía para acumular riqueza. Aristóteles ya lo veía claro: esa actividad invertía el orden humano. Convertía el dinero —medio— en fin.

La economía neoclásica se construyó sobre la ficción de individuos separados, cada uno persiguiendo su interés........

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