Cifras sin pueblo: el error economicista |
Así como cierta izquierda pretende comprender la política desde la moral —atribuyéndose superioridad ética y reduciendo el conflicto a una pedagogía de la virtud—, una parte de la derecha insiste en comprenderla desde la economía. Ambas actitudes son reduccionistas y terminan fracasando.
Hay gobiernos que, cuando aprieta la realidad, buscan orientación en la historia, en la experiencia y en el juicio político. Y hay otros que piensan en números. El de José Antonio Kast se ha estado inclinando con inquietante constancia hacia lo segundo.
No es un problema menor. Cuando el poder se reduce a cálculo se administra, pero no se conduce. Se manejan y corrigen cifras, pero no se produce legitimidad. Y sin legitimidad —sin ese reconocimiento tácito por el cual una comunidad se siente reconocida en sus instituciones— no hay orden estable ni progreso duradero: ni social, ni cultural, tampoco económico.
Ante la presión, el gobierno ha reaccionado con un criterio economicista. El famoso Oficio N° 16 propuso recortes presupuestarios en medio de la tramitación de la ley miscelánea. No es reprochable en sí abir o cerrar........