La falsa autocrítica de Giorgio Jackson o cómo pedir perdón sin arrepentirse de nada
La política chilena no necesita textos bien escritos que simulen humildad. Necesita dirigentes capaces de decir “nos creímos mejores y no lo éramos”, “nos creímos distintos y fuimos iguales o peores”, “nos creímos moralmente superiores y esa soberbia destruyó lo que decíamos defender”.
Giorgio Jackson ha publicado un texto que, se supone, es una autocrítica, pero que no lo es. Es algo más enrevesado y, por lo mismo, más obvio: una operación retórica de absolución personal, escrita con la pulcritud técnica de quien cree que la forma puede reemplazar a la verdad (aparte de la pedantería de agregar cinco páginas de citas y referencias bibliográficas).
No hay en él arrepentimiento, hay cálculo. No hay revisión de principios, hay reacomodo discursivo. No hay aprendizaje, hay defensa encubierta de una superioridad moral que se niega mientras se reafirma.
He esperado en vano una aclaración, por eso no la comenté de inmediato. Ingenuo yo, esperaba que en el caso de Jackson hubiera un reconocimiento de la enorme cuota de responsabilidad que les cabe a él y a su generación de políticos en el desastre del progresismo y en la mala evaluación, no del Presidente, pero sí del Gobierno.
La verdad es que no han sido capaces de demostrar sus capacidades, como a estas alturas ya lo habían hecho otras generaciones que los precedieron. Les quedó grande el poncho y........
